viernes, 30 de marzo de 2012

Segunda Jornada Taller para Trabajadoras Domésticas Migrantes en Uruguay “Trabajo doméstico en Uruguay: Conociendo los derechos para defenderlos”
















El domingo 25 de marzo de 2012, 49 mujeres trabajadoras domésticas migrantes (46 peruanas, 2 bolivianas y una mexicana), asistieron a la Segunda Jornada Taller para Trabajadoras Domésticas Migrantes en Uruguay “Trabajo doméstico en Uruguay: Conociendo los derechos para defenderlos”.


Esta Jornada- Taller fue organizada por la Articulación Feminista Marcosur-Cotidiano Mujer y la Embajada de Perú con el apoyo de OXFAM. Fueron expositoras (es): Aída García Naranjo Embajadora del Perú en Uruguay, María Cristina Demarco, Subinspectora General de la Inspección General del Ministerio de Trabajo; Ernesto Murro, Presidente del Banco de Previsión Social; Lilián Celiberti, Flor de Ma. Meza y Valeria España, integrantes de Cotidiano Mujer-Articulación Feminista Marcosur.

En un primer momento, iniciamos con una ronda de presentaciones a fin de conocernos mejor. Esta instancia nos permitió generar un espacio de confianza, darle nombre y apellido a cada una de las asistentes, conocer las razones por las cuales decidieron venir a vivir a Uruguay, cómo fue la recepción, los vínculos que han generado, lo que dejaron atrás.

Como primera expositora, Lilian Celiberti, hizó una presentación del motivo de esta Segunda Jornada y exhortó a las participantes a sentir el espacio de Cotidiano Mujer como un punto de Encuentro, una casa de y para las mujeres; manifestó la importancia de sumar esfuerzos y lograr trabajar a lo largo de este año para generar un acompañamiento entre todas las trabajadoras a fin de ejercer y hacer valer todos sus derechos.

Posteriormente, la Embajadora Aída García Naranjo, hizo una breve aproximación sobre los derechos humanos, explicando específicamente las razones por las cuales migrar es un derecho. Asimismo hizo un recuento histórico sobre el desarrollo de nuevas demandas de derechos y las implicaciones de la protección y garantía de los derechos sociales.
Por otro lado, hizo referencias al fenómeno de la feminización de las migraciones en los últimos años y de la importancia que tiene la labor realizada por las miles de mujeres que deciden ir a vivir a otros países ejerciendo su derecho a migrar.

Después hubo un módulo específico sobre los Mecanismos de protección de los derechos de las trabajadoras domésticas en el lugar de trabajo. Dicho módulo estuvo a cargo de María Cristina Demarco, Subinspectora General de la Inspección General del Ministerio de Trabajo y de Ernesto Murro, Presidente del Banco de Previsión Social; la Subinspectora habló específicamente de su experiencia en Ginebra cuando se ratificó el Convenio 189 y algunos de los aspectos más importantes respecto a las Inspecciones realizadas por la Inspección General del Ministerio del Trabajo a fin de monitorear la protección de derechos de las trabajadoras domésticas.

Posteriormente Ernesto Murro, abordó aspectos relacionados al Sistema de Seguridad Social y de Salud y de todos los derechos que son reconocidos por este sistema en Uruguay. Reiteró a las participantes la necesidad de conocer más sus derechos para poderlos exigir en un dialogo directo con sus empleadoras (es).

Una vez finalizadas dichas presentaciones las participantes manifestaron sus dudas e inquietudes, mismas que fueron contestadas por cada uno de los expositores.

En la Segunda Parte de la jornada, Flor de Ma. Meza explicó algunos de los aspectos fundamentales del trabajo doméstico en Uruguay: la Ley 18-065, el último Convenio salarial de 2010, el Convenio 189 y Recomendación 201 “Trabajo decente para las trabajadoras domésticas” de la Organización Internacional del Trabajo. Posteriormente Valeria España profundizó sobre aspectos relacionados a los diferentes tipos de discriminaciones que se viven en Uruguay así como la necesidad de conocer el principio de igualdad y de no discriminación como elementos fundantes del ejercicio de los derechos humanos. Posteriormente se proyectó un video “Trabajo Domestico, trabajo decente” del Programa Regional Género, Raza y Etnia, en el cual se abordan algunos de los problemas y obstáculos que sufren trabajadoras domesticas en la búsqueda de sus derechos en Bolivia, Brasil, Guatemala y Paraguay. Más adelante hubo un espacio en la que se discutió dicho video y en el que las participantes contaron algunas de las situaciones en las que ellas habían sentido haber sido discriminadas y cual había sido su respuesta ante esas situaciones. Estaba planteada una instancia de trabajo en grupo pero el plenario fue tan enriquecedor que se continúo trabajando de forma ampliada.

Fue una jornada muy enriquecedora, que permitió ser el punto de encuentro para discutir, reflexionar y compartir con las trabajadoras migrantes las diferentes experiencias que están viviendo en su calidad de migrantes, trabajadoras domésticas y mujeres.




A fin de dar seguimiento a este segundo acercamiento se prevé una próxima reunión para el 29 de abril de este año.

viernes, 23 de marzo de 2012

Derechos y justicia económicos para trabajadoras domésticas

Source: AWID

Las trabajadoras domésticas contribuyen enormemente a la economía mundial. Refuerzan las economías locales y extranjeras al asumir roles de provisión de cuidados y las trabajadoras migrantes envían a sus hogares remesas que constituyen una parte sustancial del producto interno bruto de sus países de origen. Sin embargo, por mucho tiempo el trabajo doméstico no ha sido regulado y las personas que lo desempeñan han sufrido violaciones a sus derechos económicos y enfrentado obstáculos para acceder a la justicia.

Este artículo es parte de una serie de Notas de los Viernes que examina algunos de los asuntos y debates relacionados con el tema del Foro Internacional AWID 2012 y establece conexiones entre las cuestiones de derechos de las mujeres y el poder económico. Más información sobre empleo y trabajo está disponible en la página de AWID

En junio de 2011, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó el Convenio 189 sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos (C189). La ratificación ha sido lenta, pero la Campaña 12 para 12 persigue que por lo menos 12 países ratifiquen el Convenio en 2012.

AWID entrevistó a Marieke Koning, de la Confederación Sindical Internacional (CSI), sobre las implicaciones del C189 para los derechos y justicia económicos de las mujeres.

Por Kathambi Kinoti

AWID: ¿Cuál es la situación del Convenio desde que fue adoptado en junio del año pasado?

Marieke Koning (MK): “¡Éste es el fin de la esclavitud moderna!” fueron las palabras de trabajadoras y trabajadores domésticos cuando presenciaron la histórica adopción del Convenio 189 (C189) y la Recomendación 201 sobre el trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos durante la Conferencia Internacional del Trabajo en junio de 2011. Para estas personas y los 50-100 millones de trabajadoras/es domésticas/os en todo el mundo, la adopción del C189 significó el reconocimiento y respeto de este trabajo por parte de la comunidad internacional; la disponibilidad de un instrumento internacional que pueden usar para reclamar sus derechos; y el potencial de sacar de la economía informal a millones de personas e insertarlas en empleos formales.

Dos ratificaciones permitirán que el C189 entre en vigor. Se espera recibir pronto la primera ratificación, de Filipinas, y podría haber otras 30 ratificaciones entre 2012 y 2014. Nuevas leyes y reformas están siendo adoptadas y contempladas en España, India, Indonesia y Singapur. Pero debemos seguir alertas porque el Parlamento en Indonesia planificó posponer los debates; además, las altas expectativas respecto a la ratificación en algunos países se han atenuado debido a climas políticos cambiantes que incluyen concentración en las elecciones nacionales.

AWID: ¿Cómo influyó el poder económico ejercido por trabajadoras migrantes y domésticas en el proceso previo a la adopción del Convenio?

MK: Un punto fuerte de negociación para la adopción del C189 fue el hecho de que las trabajadoras domésticas migrantes están contribuyendo a las economías de sus países al asumir trabajo de cuidados remunerado, propiciando así que otras mujeres trabajen fuera del hogar.

Las negociaciones en la Conferencia Internacional del Trabajo en junio de 2010 y junio de 2011 fueron intensas y desde el inicio hubo la opinión de que ‘algo debe hacerse’, pero tanto los empleadores como la mayoría de gobiernos apoyaban sólo una Recomendación. Un Convenio, al ser ratificado, obliga a los gobiernos a armonizar con éste su legislación nacional. La delegación sindical, incluyendo sindicatos de trabajadoras/es domésticas/os, presentó múltiples ejemplos y argumentos respecto a la necesidad de un Convenio. Resaltando similitudes en abusos y explotación en muchos países, hicieron referencia a leyes vigentes en naciones del Norte y del Sur. El apoyo a un Convenio aumentó cuando gobiernos como los de Sudáfrica y Brasil empezaron a hablar en nombre de sus regiones y mostraron una fuerte voluntad política de defender un Convenio.

AWID: ¿Cómo aborda el C189 asuntos de salarios, beneficios y condiciones de trabajo justos? ¿Cuáles implicaciones tiene para la condición y el poder económicos de las mujeres?

MK: Dado que tradicionalmente el trabajo doméstico es desempeñado por mujeres en el hogar, no se le considera una profesión seria. No es valorado, reconocido o respetado. Por demasiado tiempo, decenas de millones de trabajadoras domésticas han sido excluidas de la legislación nacional, están mal remuneradas o no se les paga en absoluto, trabajan jornadas muy largas, son explotadas y sufren abusos. La labor realizada por las trabajadoras domésticas no es visible y es aislada porque la desempeñan dentro del hogar. A muchas de ellas se les mantiene prácticamente como prisioneras o esclavas, sin permitirles salir de la casa o comunicarse con sus familias.

La adopción del C189 es histórica. Reconoce el trabajo doméstico como trabajo y estipula los derechos mínimos que deben disfrutar quienes lo desempeñan. Una vez ratificado, el Convenio fortalecerá el poder económico de millones de trabajadoras/es domésticas/os: tendrán derecho al salario mínimo, con deducciones únicamente en circunstancias excepcionales que están claramente descritas.

El C189 se refiere [en el Artículo 10] a la igualdad de trato entre trabajadoras/es domésticas/os y trabajadoras/es en general en relación a las horas normales de trabajo, la compensación de horas extraordinarias, los periodos de descanso diarios y semanales y las vacaciones anuales pagadas. El Convenio también reconoce como horas de trabajo los periodos durante los cuales las/os trabajadoras/es domésticas/os no disponen libremente de su tiempo y permanecen a disposición del hogar para responder a posibles requerimientos de sus servicios.[1] Estas personas tendrán acceso a protección de la seguridad social, inclusive en lo relativo a la maternidad, y a beneficios en materia de salud y seguridad [Artículo 13].

Ahora, empleadores y trabajadoras/es domésticas/os deberán firmar un contrato de modo que haya claridad en cuanto a las condiciones de empleo [Artículo 7]. Asimismo, las/os trabajadoras/es domésticas/os tienen derecho a decidir si quieren o no residir en el hogar para el cual trabajan [Artículo 9] y tendrán acceso a tribunales u otros mecanismos de resolución de conflictos [Artículo 16], lo que ayudará a detener las prácticas abusivas de muchas agencias de empleo. Además, el C189 pretende producir cambios en las vidas de millones de mujeres y niñas que están atrapadas en el trabajo doméstico infantil y trabajos forzados.

Finalmente, el C189 impone a los Estados Miembros la obligación de respetar, promover y hacer realidad los derechos de las/os trabajadoras/es domésticas/os a la libertad de asociación, a la libertad sindical y al reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva [Artículo 3]. Estos derechos fundamentales son denegados por la mayoría de leyes laborales nacionales. Ahora las/os trabajadoras/es domésticas/os podrán por fin defender y negociar mejores derechos en la legislación y la práctica, como también en los convenios de negociación colectiva.

AWID: ¿Qué es la Campaña 12 para 12?

MK: La Campaña 12 para 12 persigue que 12 países ratifiquen el C189 en 2012. Está organizando a trabajadoras/es domésticas/os para que se sindicalicen y fortaleciendo sus sindicatos. Doce ratificaciones en 2012 es la meta mínima – debemos tener una cantidad sustancial de ratificaciones en 2012 para asegurar que el Convenio mantenga su estatus como un instrumento internacional valioso.

La Confederación Sindical Internacional (CSI) puso en marcha la Campaña 12 para 12[2] el 19 de diciembre de 2011, junto con la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar (IDWN) como socia clave de la Campaña porque su organización conecta sindicatos y redes de trabajadoras domésticas a nivel mundial.

¡Tenemos equipos de la Campaña 12 para 12 en 73 países! Y la cantidad de países está aumentando cada mes. Los equipos de campaña despertaron el activismo en todo el mundo y ofrecen un paraguas para desarrollar coaliciones entre sindicatos de trabajo, sindicatos de trabajadoras/es domésticas/os y organizaciones de migrantes, derechos humanos y mujeres que maximizarán la presión sobre los gobiernos. Nuestras estrategias incluyen colocar el C189 en una posición alta dentro de la agenda de reuniones tripartitas de sindicatos, gobiernos y empleadores; organizar reuniones con parlamentarias/os para incrementar el apoyo a la ratificación; y organizar eventos públicos y acciones enfrente de los Parlamentos.

AWID: Algunos países ya están bien encaminados hacia la ratificación del Convenio: Bélgica, Filipinas, Perú y Sudáfrica. En tu opinión, ¿por qué son sus particulares dinámicas internas/internacionales conducentes a ratificarlo?

MK: La mayoría de países que están cerca de ratificar el Convenio fue sensibilizada respecto a los asuntos de las/os trabajadoras/es domésticas/os y emprendió acciones para reformar su legislación laboral a fin de abordar algunas de las necesidades más básicas de estas personas. Varias naciones jugaron un papel sobresaliente durante las negociaciones en la Conferencia Internacional del Trabajo, como Australia, Brasil, Filipinas, Namibia, Sudáfrica y Uruguay. En el caso de Filipinas, el Gobierno sabe que al ratificar el C189 estará protegiendo a millones de sus ciudadanas y ciudadanos que realizan trabajo doméstico en otros países y que las/os trabajadoras/es domésticas/os en ese país también se beneficiarán significativamente de la ratificación. El Gobierno filipino estableció un Grupo Técnico de Trabajo con sindicatos, incluso sindicatos de trabajadoras/es domésticas/os y organizaciones de mujeres migrantes, para facilitar una consulta regular sobre el proceso de ratificación. Procesos similar están teniendo lugar en Sudáfrica y Brasil.

En otros países (por ejemplo, los escandinavos), los sindicatos asumieron un fuerte compromiso y colocaron el C189 en una alta posición dentro de la agenda tripartita. Pero nada puede darse por hecho. En Perú, donde teníamos muchas esperanzas respecto a la ratificación, el apoyo inicial al C189 casi desapareció después de las elecciones gubernamentales. Es por esto que los equipos de la Campaña 12 para 12 deben estar alertas a fin de lograr el mayor número posible de ratificaciones para fines de este año.

AWID: ¿Qué pasará ahora con el monitoreo y acceso a remedios por contravenciones?

MK: Los países que ya ratificaron el Convenio están obligados a aplicarlo en la ley y la práctica, lo cual puede ser un largo proceso para algunos gobiernos. Otros gobiernos de países donde las leyes ya cumplen los requisitos podrían necesitar pocas adaptaciones o ninguna en su legislación nacional. Hay naciones que quizás no ratifiquen el C189 pero usan las normas de la OIT como un modelo para leyes y orientaciones a nivel de políticas.

Los países que ratifican el C189 deben rendir informes regulares sobre su implementación a la OIT. En muchas naciones, el Convenio ratificado se aplica directamente en el derecho nacional, lo cual significa que un tribunal podría usar los derechos enunciados en C189 al resolver disputas legales que involucran los derechos de las/os trabajadoras/es domésticas/os. Además, la OIT tiene mecanismos de queja establecidos que pueden ser utilizados, por ejemplo, por los sindicatos para presentar una queja cuando el C189 no está siendo aplicado apropiadamente.

El C189 es una norma mínima. Al ser ratificado, las y los trabajadores domésticos tienen derecho a organizarse y formar sindicatos. De esta manera desarrollan su poder de negociación colectiva y pueden negociar mejoras adicionales – en la ley y la práctica – con empleadores y el gobierno, lo que proporcionará justicia a millones de trabajadoras y trabajadores domésticos.

Notas:

1. Éstas son horas fuera del horario normal de trabajo en las cuales a un/a trabajador/a doméstico/a se le pide regresar al hogar donde labora, por ejemplo, para ayudar a atender a una persona enferma.
2. La Campaña 12 para 12 es ahora una plataforma con múltiples socios: la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar (IDWN), la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), la Internacional de Servicios públicos (PSI), la Confederación Europea de Sindicatos (ETUC), Human Rights Watch, el Foro de Migrantes en Asia (MFA), Caritas, Solidar y Solidaridad Mundial. Se espera que más organizaciones participen en la Campaña.

Fuente: Notas de los Viernes de AWID, 23 de marzo de 2012. Título original: ‘Economic Rights and Justice for Domestic Workers’

Traducción: Laura E. Asturias
as

jueves, 8 de marzo de 2012

Un trabajo digno

Las trabajadoras y los trabajadores domésticos no son sirvientes ni miem-bros de la familia.

La Razón / Lucía Sauma

04:46 / 08 de marzo de 2012

Quién lava la ropa? ¿Quién hizo la sopa? ¿Quién recogió la mesa? ¿Quién tendió las camas? ¿Quién trapeó el piso? Manos invisibles de mujeres invisibles que realizan estas labores sin que su trabajo sea considerado como tal. Cien millones de personas en el mundo, 14 millones en América Latina y 137 mil en Bolivia son trabajadoras del hogar. El 85% son mujeres. Éstos son datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para favorecer a estas personas, el 16 de junio de 2011 la OIT adoptó el Convenio 189: “Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos”.

A casi un año de su adopción, este convenio aún no ha sido ratificado por Bolivia ni por ningún otro país, a pesar de haber recibido 396 votos a favor, entre ellos, el de Bolivia. Esta norma establece que millones de trabajadoras domésticas podrán tener los mismos derechos básicos que otros trabajadores, incluyendo horas de trabajo razonables, descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, un límite a los pagos en especie, información clara sobre los términos y las condiciones de empleo, así como el respeto a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo los de libertad sindical y negociación colectiva.

En su texto de introducción, el Convenio 189 señala que “el trabajo doméstico continúa siendo infravalorado e invisible y lo realizan principalmente las mujeres y las niñas, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, y son particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, así como a otros abusos de los derechos humanos”.

Cuando le pregunté a Daniela Quenta, secretaria Ejecutiva de la Federación de Trabajadoras del Hogar de Bolivia, cuál era la importancia de ratificar el convenio 189, teniendo ya una ley (Nº 2450) en Bolivia que norma el trabajo doméstico, muy segura y rápidamente me respondió: “Si el convenio se ratifica, se van a beneficiar las migrantes, muchas, muchísimas se han ido a trabajar a España, EEUU, Argentina, Chile… ellas se van a beneficiar. La mayoría de las que trabajamos como empleadas en Bolivia venimos del campo, también somos migrantes, para nosotras es como cambiar de un país a otro”.

Bolivia debe ratificar el Convenio 189 para ser consecuente con la defensa de los derechos de 100 millones de personas en todo el mundo, quienes están esperando que al menos dos países se atrevan a hacerlo, permitiendo que entre en vigor y se cumpla con los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar. Con estos instrumentos está claro que las trabajadoras y trabajadores domésticos no son sirvientes ni miembros de la familia. Son trabajadores dignos que cumplen un trabajo digno.
>

martes, 14 de febrero de 2012

Trabajo doméstico en Punta del Este

Trabajo doméstico en Punta del Este
Sí, patroncita

Mariana Contreras
Semanario Brecha, Montevideo


Sigue pasando: mujeres pobres, nacionales y extranjeras, documentadas e indocumentadas, agachando el lomo en el tras bambalinas del verano esteño. Los relatos hablan de abusos, maltratos, comportamientos delictivos o ilegales por parte de los empleadores. Las mujeres, obligadas o asustadas, callan. Les dicen que vendrán a conocer el mar en un país del que muchas de ellas apenas escucharon el nombre. Vendrán a trabajar pero será como unas vacaciones, les dicen.

Cada verano se cuentan por decenas las trabajadoras domésticas que llegan a Punta del Este junto a turistas, en su mayoría argentinos. Son paraguayas, bolivianas, peruanas, que viajaron a Argentina en busca de trabajo, que pasaron por los talleres de costura clandestinos, por las villas miseria porteñas, que quedaron sin trabajo y ancladas en un país que no es el propio.

Algunas trabajan todo el año para sus patrones, otras comenzaron apenas unos meses antes de venir a "veranear", y otras fueron directamente "contratadas" para la temporada. Pasan la frontera uruguaya en calidad de turistas y luego trabajan clandestinamente. No tienen habilitación legal y los patrones no pagan sus aportes, por eso no cuentan con ningún beneficio ni protección durante su estadía. Al llegar, el dinero prometido puede verse reducido a la mitad, no tienen día libre ni tiempo de descanso: de día limpian, cocinan, cuidan a los niños. De noche también.

Hay casos en que sus empleadores han llegado a retenerles la documentación y los celulares, se les ha prohibido salir del apartamento y les racionan la comida. La mayoría banca, porque no tiene forma de volver a Argentina o a su país, porque se saben en infracción y porque desconocen en absoluto sus derechos. En algunas ocasiones las trabajadoras han quedado abandonadas sin recibir el pago correspondiente y sin posibilidades económicas de regresar a su hogar.

Welcome Home

Pasadas las siete de la tarde son más de 40 las personas reunidas en la sede de los canillitas de Maldonado. Son mucamas, porteros, trabajadoras domésticas, entre otros, cuyos sindicatos forman parte de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys). Fue a través de la federación en Maldonado que las denuncias de trabajo de extranjeras en diverso grado de irregularidad se hicieron públicas. Para ellos es moneda corriente en el verano recibir información de que en tal o cual edificio una extranjera trabaja en situación de explotación.

El servicio de mucamas generalmente es contratado por la administración de un edificio. Las mujeres tienden camas, limpian baños, aspiran y ponen orden en los apartamentos. Trabajan en pareja y se estima que cada mucama realiza la limpieza de entre ocho y diez apartamentos por día. En ese trajinar es que entran en contacto con las trabajadoras domésticas "informales", contratadas por los dueños o inquilinos de los apartamentos.

La mañana que Brecha estuvo en Maldonado, Marita -que es mucama- había prestado ayuda a una cocinera que desde las 4 de la mañana se sentía mal, aunque recién a las 11 sus patrones llamaron a la emergencia. Y para dar una idea de la mezquindad humana, cuantifica: "Te estoy hablando de apartamentos que salen un millón de dólares, y que se alquilan a 25 mil dólares mensuales".

Cesar Teijón, delegado departamental de Fuecys e integrante del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Maldonado (Sutem), contó que en estos días estuvieron en contacto con una trabajadora paraguaya a la que no se le permitía salir del edificio, pero de pronto la comunicación con ella cesó abruptamente y no han sabido más qué fue de su vida. Pocas semanas atrás estuvieron en contacto con una trabajadora peruana de 30 años, acusada por sus empleadores de romper la computadora, por lo que habían decidido no pagarle el salario hasta tanto no recuperaran el dinero equivalente a un aparato nuevo. Y dos días antes de que Brecha llegara a Maldonado, contó un trabajador, otra peruana partió a Buenos Aires con un pasaje que la familia para la que trabajaba le había dejado. Ellos se fueron antes, sin aviso, y le dejaron un boleto para varios días después. La mujer paró en casa de una mucama uruguaya. Tuvo suerte, comentan con ironía los trabajadores organizados a Brecha, en algunas ocasiones les dan el día libre y cuando vuelven la familia ya no está. Muchas de ellas son las que pasan a engrosar los asentamientos de la periferia, y luego se las ve vendiendo cualquier cosa en las ferias.

Teijón contó también que más de una extranjera llega a trabajar a Punta del Este con la esperanza de obtener el dinero que les permita contratar abogados para hijos que fueron atrapados actuando de "mulas" y que hoy están presos. Eso, más la falta de contactos en el país, la retención de los documentos y una cultura muy arraigada, del tipo: "Una que es pobre muchas veces tiene que agachar la cabeza ante gente de cuna de oro", como dijo resignada una trabajadora que esperaba ser asesorada tras la asamblea, hace que las domésticas soporten muchas veces todo tipo de humillaciones.

Situaciones similares y peores -sospechan- pueden encontrarse en los chalés y chacras marítimas en las zonas cercanas a Punta del Este (José Ignacio, Manantiales o La Barra), donde las mujeres ni siquiera tienen contacto cotidiano con mucamas o trabajadores que vengan de afuera. Ese es un mundo aparte.

La mañana siguiente

Al ámbito institucional no llegó todavía ninguna denuncia concreta sobre la situación de trabajadoras domésticas explotadas, confirmó a Brecha Juan Andrés Roballo, director de la Inspección Nacional de Trabajo. Por lo tanto tampoco se conoce quiénes son los empleadores, más allá de la obviedad de que se trata de gente con alto poder adquisitivo.

Según consideró Roballo, el tema tiene diferentes ramificaciones: por un lado puede haber irregularidades laborales (registros en el bps con salarios subdeclarados, trabajo en negro, incumplimiento en los pagos, etcétera), y por otro se pueden dar situaciones de maltrato (empleadores que gritan o agreden a los trabajadores) que eventualmente configuren un delito. Y un tercer capítulo también delictivo: la retención de documentos o la imposición de permanecer en la casa. Cualquiera de estos temas involucra no sólo a trabajadores extranjeros, también a los nacionales. "Lo primero que requerimos para actuar son direcciones", explicó Roballo. De otra manera es imposible hacer la inspección y, llegado el caso, dar cuenta a la justicia o al organismo del Estado competente. En el Sutem y en el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (Sutd) señalan la imposibilidad de formalizar muchas de las denuncias porque no cuentan con una red capaz de sostener a las personas (en particular a las extranjeras) una vez que la bola empieza a rodar: cuando la denuncia cobra forma existen altas posibilidades de que la involucrada quede sin trabajo; si se trata de una trabajadora del Interior o del exterior "necesitamos tener previsto el alojamiento, la alimentación, el pasaje de regreso, y no contamos con nada de eso", explicó Teijón. También hay casos en los que la involucrada se retracta por temor y el hecho entonces resulta difícil de comprobar.

Sonia, una de las representantes del Sutd, contó el caso de una trabajadora uruguaya que se comunicó para decir que "la estaban volviendo loca, que desde diciembre no la dejaban salir. Seguimos el caso con la Policía, que corroboró que la persona efectivamente trabajaba en la casa indicada; fuimos y logramos hablar con ella, pero extrañamente se echó para atrás y nos dijo que ya no trabajaba allí. Unos días después apareció en el sindicato para pedir disculpas, confirmar que todo era verdad, y nos dijo que había estado tan presionada y se sentía tan mal que finalmente renunció. Sus empleadores eran una familia inglesa".

Intentando tejer la red, Fuecys de Maldonado se contactó con Migraciones, donde les informaron que si la trabajadora ingresó legalmente, entonces el tema no era de su competencia. En el Consulado de Perú les dijeron que no cuentan con alojamiento, aunque en Montevideo podrían coordinar con alguna institución. Tampoco cuentan con una política de repatriación para sus connacionales, por lo que no pueden hacerse cargo del regreso, según dijeron a Fuecys. En el Ministerio de Relaciones Exteriores tampoco: les informaron que "si la persona está legal y sin problemas jurídicos, no la pueden expulsar ni sacar del país".

Agujeros

Diva abandona la siesta en su casa del asentamiento Kennedy para atender a Brecha en un lugar del patio resguardado del sol. Es brasileña, ronda los 60 años y hace 40 que vive en Uruguay. Gruesa y de baja estatura, lleva el pelo entrecano recogido en una trenza larga. Diva es de esas mujeres a las que poca cosa les sorprende ya. La primera vez que trabajó fue a los 9 años, cuando cuidaba a otros niños en la playa, hijos de veraneantes con plata.

Después, cuando se mudó a Rocha, llegaban a su casa personas buscando domésticas. Le decían a su madre: "Dame una, para qué querés tantas", en referencia a los 14 hijos que tenía. "Y yo me aprontaba la primera, porque era tanta el hambre..." Ahora no trabaja más, en parte por una trombosis en la pierna y en parte por "la estética"; nadie quiere ya personas mayores y pasadas de peso. También trabajó como doméstica en el campo, y sus empleadores le aseguraban que no le pagaban porque estaban guardando la plata para cuando se fuera; sabe de acusaciones infundadas de robos y de encierros varios. También sabe que lo de las extranjeras trabajando en malas condiciones es un asunto viejo. Alguna vez en la playa entabló conversación con alguna que le dijo "plata no vemos, porque venimos a conocer el mar".

El año pasado al Kennedy llegaban "empleadores" ofreciendo 4 mil pesos para trabajar como doméstica. Hay veces que ofrecen 12 o 13 mil pesos, pero después terminan pagando 7 mil. Y como todo es "en negro", es difícil que la gente reclame. "Igual, ahora están un poco mejor, porque hay gremio, y leyes del gobierno, pero todavía te gritan, te pegan", cuenta ella, y agrega: "está bien que trabajen extranjeros, yo misma lo soy, si vienen de a uno, pero si los vas a buscar en masa...". Lo dice en referencia a las palabras de Mujica sobre la necesidad de contratar mano de obra extranjera calificada. Para ella es toda una contradicción: "¿Cómo va a haber acá mano de obra capacitada si hay gente ganando salarios mínimos, o trabajando las 24 horas? ¿Así cuándo se van a capacitar?".

Esquivando los charcos de agua estancada en las calles del Kennedy, Diva nos guía a la casa de una vecina "que el otro día me contaba de los gritos que le pega la patrona". Pero ya no le grita más: hace una semana que la despidieron, cuenta ahora en la puerta de su casa la susodicha. Trabajaba desde hacía cuatro veranos, intermitentemente, para una familia argentina. De 9 a 15 horas, y aunque jamás salía temprano no le pagaban horas extras ni tenía día libre. Cobraba 600 dólares y nunca estuvo en caja. "La patrona pasaba los dedos por los muebles para ver si estaban limpios, gritaba porque decía que la camisa estaba mal planchada o algo mal lavado. Yo aguantaba y aguantaba, pero si me decía que algo estaba mal le decía que no. No pudo conmigo, y me mandó decir por la casera que no volviera porque necesitaba alguien con cama."

"Se creen que sos la fregona, la esclava", había dicho Diva un rato antes. Y eso fue justamente lo que no aguantó Daisy, que vive en el asentamiento de atrás de la Cilsa. Trabajó el año pasado como mucama en la Season Tower, al lado del Conrad. Su horario era de 9 a 17, con media hora para comer. Su salario era de 12 mil pesos nominales. "Teníamos que llevarnos la comida y el agua, y si en un apartamento nos regalaban una torta teníamos que pedir permiso a la encargada para comer", cuenta Daisy. Cuando se retiraban del trabajo eran revisadas (cuerpo y pertenencias) para asegurarse de que nada faltaba. Daisy es de esas mujeres fuertes, que se enfrentan a lo que creen injusto. Dice: "Te escupen todo el día; comeré pan de la basura, pero mi dignidad bien para arriba".

Según de dónde sean

El laudo para las trabajadoras domésticas es de 7.975 pesos por 44 horas semanales. En temporada, el pago por el trabajo varía según el empleador. Uno de los reclamos del sindicato es que pueda llegarse a un acuerdo para que durante la temporada se cobre un plus, porque de otra forma las trabajadoras que están empleadas durante todo el año corren con desventaja respecto a las zafrales. Durante el verano los salarios son variados, pero según los comentarios que Brecha recogió rondan los 12 mil pesos (nominales). Si el registro en el bps existe, es habitual la subdeclaración.

Durante la temporada generalmente el trabajo de las domésticas, mucamas y porteros se hace los siete días de la semana. Todos los trabajadores a los que Brecha consultó confirmaron que, aunque la ley lo habilite, no existe el descanso cuando hay zafra.

En el verano también hay quienes acceden a salarios de 20 mil y 30 mil pesos, cuando el trabajo es con cama adentro, según dijo la representante del sindicato. En algunos casos se cumple y en otros (como les sucede a muchas extranjeras) cuando van a cobrar el sueldo de pronto se redujo a la mitad. Un trabajador contó que, en el edificio donde cumple funciones, dos paraguayas cobran mensualmente 700 dólares entre las dos (su empleador es un empresario algodonero argentino), mientras que una uruguaya cobra 1.500 dólares.

Desde el BPS

En los últimos 45 días el BPS (Banco de Previsión Social) lleva realizadas 1.840 inspecciones, mil de ellas estuvieron focalizadas en el trabajo doméstico, explicó el presidente de la institución, Ernesto Murro. Los funcionarios recibieron 17 denuncias por irregularidades, 16 fueron confirmadas y hoy se negocia con los empleadores la forma de regularización.

Murró advirtió que en el último año creció la inmigración de trabajadoras bolivianas, peruanas, paraguayas, entre otras nacionalidades, que se emplean mayoritariamente como trabajadoras domésticas. Si la trabajadora ingresa al país como turista y luego entra "en actividad", debe emitirse un permiso de permanencia temporal, algo contemplado en los convenios bilaterales. Con Perú todavía no se ratificó el acuerdo.

El BPS planteó al Mercosur que las trabajadoras domésticas puedan trasladarse sin dificultades por los países miembros, pudiendo permanecer hasta un año trabajando (hoy el período es de tres meses). Si una trabajadora está regularizada en el país de origen, los aportes continuarán haciéndose allí. Pero si está en negro, entonces deberá ser regularizada en Uruguay y los aportes se harán aquí.

http://www.brecha.com.uy/

martes, 7 de febrero de 2012

Empleadas domésticas tendrán aumento salarial (URUGUAY)

El ajuste en enero será entre un 8 % y un 10% y dependerá de las franjas de cada sueldo, se estableció un salario mínimo de 8.000 pesos para las trabajadoras domésticas.

El consejo de salarios del sector estableció el porcentaje de aumento, conforme al dispuesto en el convenio de diciembre de 2010. Aquellas trabajadoras que al 31 de diciembre cobraban un sueldo nominal de hastas 8.763 pesos (o el equivalente por día u hora) tendrán un ajuste del 10%.

Las que al 31 de diciembre ganaron entre 8.763 a 9.284 pesos, tendrán un incremento del 8%.
Para salarios de 9.284 en adelante, el incremento que se fijó es de 8,6%.

Se estableció un salario nominal mínimo para el sector doméstico, entre 1 de enero al 30 de junio de 2012 que asciende a 7.976 pesos por 44 horas semanales y 25 jornales, los que equivalen a 42 pesos valor hora.

FUENTE: LA REPUBLICA Miércoles 1 de febrero, 2012

miércoles, 1 de febrero de 2012

Condiciones más justas para las trabajadoras domesticas en Paraguay

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres visita la Asociación Trinidad en Paraguay, donde ONU Mujeres apoya un proyecto para mejorar los derechos de las trabajadoras domésticas. En Paraguay el trabajo doméstico remunerado representa la primera salida laboral de miles de mujeres en condiciones de pobreza, situación que afecta a 34 por ciento de la población.

ONU Mujeres ha venido apoyando al fortalecimiento de las organizaciones de trabajadoras domésticas en colaboración con la Asociación Trinidad, como parte del Programa Conjunto Oportunidades Juventud, capacidades y oportunidades para la inclusión social, con Fondos para el logro de los Objetivos del Milenio (ODMs), como también desde su programa regionalRaza, Etnia y Género.

Los objetivos que persiguen estas acciones es promover el acceso de las trabajadoras domésticas al conocimiento de sus derechos, el desarrollo de capacidades organizativas y de exposición pública para la defensa de los mismos, así como apoyar cambios normativos y arreglos institucionales que permitan condiciones laborales más justas para las trabajadoras domésticas.

La legislación laboral vigente pone al trabajo doméstico en condiciones de discriminación, al considerar que una trabajadora doméstica puede ganar sólo hasta un 40 por ciento del salario mínimo legal, no tienen derecho a la jornada laboral de 8 horas, ni gozan de jubilación, derechos que sí están garantizados para las otras categorías laborales. Sólo recientemente, el seguro del Instituto de Previsión Social (IPS) fue extendido a todo el territorio nacional cuando antes se limitaba a la capital del país, Asunción. Al tratarse de un nuevo derecho, existe poco conocimiento y su grado de cumplimiento es aún bajo.

Marciana Santander, como presidenta de la Asociación de Empleadas del Servicio Doméstico del Paraguay (AESDP), asistió al encuentro que la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, mantuvo durante su segundo día de misión en Paraguay con mujeres vecinalistas, trabajadoras domésticas y jóvenes participantes de proyectos apoyados por ONU Mujeres.

Marciana representó a las organizaciones constituidas en el país y compartió los avances y desafíos que enfrentan. “Creemos que un logro muy importante fue la ampliación de la cobertura de IPS. Además, este año las trabajadoras domésticas participamos de la 100º Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra y pudimos apoyar la aprobación del Convenio de trabajo doméstico decente y sus recomendaciones; por otro lado pudimos seguir fortaleciendo nuestras organizaciones”, cuenta.

Aunque se pueden ver avances, los desafíos sigue siendo grandes: impulsar un cambio cultural profundo, superando las actitudes discriminatorias de los empleadores, actitudes que limitan el acceso a la educación, a condiciones laborales dignas, entre otros. “Uno de los mayores retos que tenemos por delante es lograr la ratificación del Convenio 189 y su implementación en el país, lo que luego permitiría el ajuste de la legislación y seguir avanzando hasta lograr el derecho a la jubilación social, 8 horas laborales, sueldo mínimo y vacaciones pagas”, expresa Marciana.

Otro avance significativo ha sido la reciente instalación de una oficina nacional de atención especializada en el trabajo doméstico, promovida desde el Ministerio de Justicia y Trabajo. El Centro de Atención a Trabajadoras Domésticas (CATD) brinda información, orientación y servicios de mediación. A partir del próximo año la oficina dará servicio a todo el país, a través de las Oficinas Nacionales de Empleo de la misma cartera ministerial.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Creuza (Fenatrad) ganha Prêmio Direitos Humanos 2011

Creuza Maria Oliveira, presidenta da Federação Nacional das Trabalhadoras Domésticas (Fenatrad) e e assessora do mandato da deputada Neusa Cadore, receberá no próximo dia 9 de dezembro de 2011, o Prêmio Direitos Humanos 2011.

A decisão foi tomada a partir de um processo seletivo através da Comissão de Julgamento, no dia 17 de novembro e ela foi escolhida para ganhar o prêmio na categoria Luta pelo Promoção da Igualdade Racial.

"Aproveitamos a oportunidade para parabenizá e agradecê-la pela atuação marcada pela consciência humanitária que, inevitavelmente, contribui para a ampliação da sensibilidade da sociedade brasileira sobre a necessidade do respeito aos Direitos Humanos", disse Fernanda Reis Brito, Coordenadora Nacional de Educação em Direitos Humanos ao anunciar o prêmio.

Leer más

lunes, 17 de octubre de 2011

Perú: Racismo y mezquindad hacía las empleadas del hogar

Autor: Wilfredo Ardito Vega
Fecha: 17 de octubre de 2011


Allá por el año 2001, un amigo venezolano se mudó a un edificio de San Isidro, cercano al Golf. Pronto notó que, cuando las empleadas del hogar lo veían en el ascensor, no se atrevían a entrar. Le preguntó al vigilante si ellas temían que él pudiera hacerles algo.

-No, señor. La junta de propietarios les ha prohibido compartir el ascensor con inquilinos, propietarios y visitas.

Indignado, mi amigo expuso el caso ante la junta, donde primero lo miraron de manera condescendiente, pero luego defendieron su derecho a mantener las “costumbres limeñas”. Sólo cuando él amenazó dejar el departamento, aceptaron dejar sin efecto la prohibición a las empleadas.

Recordé este incidente la semana pasada, cuando la periodista Katya Adaui denunció que en la sede de Chosica del Club Villa se prohíbe a las empleadas del hogar usar los mismos baños que las socias.

Ahora bien, sabemos que en muchas casas también existe esta prohibición y además se separan platos, vasos y cubiertos para las empleadas. “Como yo era el menor, me encargaban marcar con sus iniciales los cubiertos”, recuerda un amigo arequipeño.

La recurrida justificación para estas prohibiciones es la higiene (RP 134 http://reflexionesperuanas.lamula.pe/2007/02/28/rp-134-no-es-racismo-es-solamente-higiene/reflexionesperuanas): la trabajadora del hogar podría contagiar alguna enfermedad a las demás personas. Sin embargo, esa misma persona “contagiosa” es la que prepara los alimentos, limpie los dormitorios y atiende a los niños, mientras nadie parece recordar el posible contagio.

En realidad, el origen de estas prohibiciones es simplemente el racismo: se rechaza compartir determinados espacios con una persona cuyos rasgos físicos son considerados desagradables. A esto se añade la convicción de que la empleada es un ser inferior, “que no merece lo que tenemos nosotros”. Por eso parece normal destinarle un baño incómodo y una habitación diminuta y sin ventilación, que muchos arquitectos intencionalmente han diseñado así. “Yo vivo en un edificio nuevo, donde los departamentos son pequeñísimos, pero casi todos mis vecinos tienen empleada cama adentro”, me dice una abogada. Los niños de la familia, entretanto, crecen pensando que existen seres inferiores que no tienen los mismos derechos.

Esta segregación se traslada a diversos clubes sociales, cuyo carácter “exclusivo” esconde una clara mezquindad: muchos socios ingresan con sus empleadas, porque dependen totalmente de ellas para que atiendan a sus hijos, pero rechazan pagar la tarifa que corresponde a los invitados. Se ha creado entonces la categoría de amas, que les permite ingresar, pero no usar las instalaciones destinadas a los socios y sus demás acompañantes.

Además, claro, estos clubes también sirven para exhibir el éxito familiar y, para muchos socios, su foto de familia exitosa y feliz quedaría arruinada si aparece una mujer andina bajita al costado. Por eso es preferible ubicarlas en ciertos lugares.

Es penoso que en tantas familias existan formas de segregación, pero si ocurren en un establecimiento abierto al público, como un club, debe precisarse que son ilegales. El Decreto Supremo 004-2009-TR establece que incurren en discriminación los clubes cuyas disposiciones tengan por finalidad o resultado generar un acto discriminatorio contra las trabajadoras del hogar. Por lo tanto, ningún club puede establecer baños, comedores o espacios separados para las empleadas del hogar ni tampoco una vestimenta obligatoria.

La exposición de motivos claramente señala que se considera que estos actos deben ser sancionados según el artículo 323 del Código Penal, que incluye sanción de prisión para los responsables. Probablemente, serían necesarias mayores precisiones legales sobre las prácticas discriminatorias en establecimientos, como ocurre en Brasil, donde inclusive se ha prohibido el uso de “ascensores de servicio”.

Igualmente, podría existir, otro mecanismo legal muy efectivo y son las Ordenanzas contra la discriminación: en febrero del 2009: dos socios del Club Terrazas de Miraflores me avisaron que la señora que cuidaba a su hijita era impedida de ingresar, salvo que usara uniforme blanco. Inclusive le prohibían usar sandalias, debiendo llevar zapatillas en verano.

Yo le escribí a los directivos del club, informándoles que la Ordenanza 294-MM de la Municipalidad de Miraflores sanciona con multa o clausura del local a las entidades que establezcan prácticas discriminatorias por diversas causales, entre ellas, la actividad. Días después, la Junta Directiva se vio obligada a derogar las normas discriminatorias.

Ordenanzas similares a la de Miraflores están vigentes en Lince, Jesús María y Villa El Salvador pero no en Chosica, donde tiene su sede el Club Villa. Por ello sería necesaria una Ordenanza a nivel provincial como existen en otras ciudades (Abancay, Huamanga, Huancayo, Cajamarca, etc.). A comienzos de este año, le envié una propuesta a varios regidores de la Municipalidad de Lima Metropolitana. Hasta la fecha, no hay ninguna respuesta, pero, dado que la Alcaldesa suele enfatizar su rechazo a la discriminación, esperemos que pronto podamos contar con una Ordenanza contra este problema.

Las prácticas de segregación y explotación hacia las trabajadoras del hogar deben ser enfrentadas seriamente por las autoridades, sin esperar a que algún ciudadano se indigne por lo que todos sabemos que sucede.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Uruguay: Jornada para trabajadoras domésticas migrantes




El domingo 9 de octubre pasado 30 mujeres, trabajadoras domésticas peruanas que viven y trabajan en Uruguay, asistieron a la Jornada Taller para Trabajadoras Domésticas Migrantes en Uruguay “Trabajo doméstico en Uruguay: Conociendo los derechos para defenderlos”.

La más antigua de ellas llegó hace 11 años a Uruguay y la más nueva hace 15 días. Relatan que les gusta la amabilidad de la gente uruguaya, el asado, la tranquilidad de la ciudad pero sobretodo “las leyes que protegen de mejor manera sus derechos como trabajadoras domésticas”.

Esta Jornada taller fue organizada por la Articulación Feminista Marcosur-Cotidiano Mujer y contó con el apoyo de la Embajada de Perú. Fueron expositores: Ernesto Murro Presidente del Banco de Previsión Social; Nora Pacheco representante del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas del Uruguay; Jessica Pásara representante de la Embajada del Perú, Flor de Ma. Meza y Solana Quesada de Cotidiano Mujer-Articulación Feminista Marcosur,.

Las participantes trabajaron en grupos en torno a los derechos que tienen como trabajadoras domésticas migrantes en Uruguay. Finalmente, Flor de Ma. Meza complementó el resultado de lo trabajado en grupos con datos sobre el trabajo doméstico en Uruguay, la Ley 18-065, el último Convenio salarial de 2010 y el Convenio 189 y Recomendación 201 “Trabajo decente para las trabajadoras domésticas” de la Organización Internacional del Trabajo.

Entre los desafíos que se plantearon para que sus derechos como trabajadoras domésticas migrantes sean hechos se encuentran: (i) la difusión y “apropiación” de las normas que las reconocen como trabajadoras para reclamar sus derechos, especialmente la Ley Nº. 18.065, el Convenio salarial de 2010, el Convenio 189 y la Recomendación 201; (ii) Conocer otras normas de derechos humanos en general, de derechos de las mujeres en especial aquellas que reconocen que las trabajadoras domésticas migrantes son “Mujeres Trabajadoras, Mujeres con derechos”.

jueves, 6 de octubre de 2011

OIT y ONU Mujeres presentan Convenio 189


Santiago, septiembre de 2011- El establecimiento de estándares mínimos de protección para quienes se desempeñan en el trabajo doméstico remunerado, es uno de los objetivos centrales del Convenio n°189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que fue presentado el pasado viernes 9 de septiembre en el país, en un seminario realizado en conjunto con ONU Mujeres, en la sede de la OIT en Santiago.

El evento contó con la participación de Guillermo Miranda, Director de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina; Rebecca Tavares, Directora de ONU Mujeres para Brasil y Cono Sur; Jeannette Soto, Vicepresidenta de la Mujer de la CUT; Ruth Olate, Presidenta del Sindicato de Trabajadoras de Casa Particular, SINTRACAP, y los Diputados Adriana Muñoz (PPD) y Felipe Salaberry (UDI), quienes comentaron las principales implicancias de la adopción de este nuevo convenio.

La nueva norma laboral internacional (C.189), que fue aprobada por delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores que participaron de la 100ª Conferencia de la OIT en Ginebra, establece que los millones de trabajadoras y trabajadores domésticos del mundo podrán tener los mismos derechos básicos que otros trabajadores, incluyendo horas de trabajo razonables, descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, un límite a los pagos en especie, información clara sobre los términos y las condiciones de empleo, así como el respeto a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo los de libertad sindical y negociación colectiva.

Guillermo Miranda, Director de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina, destacó que la adopción del nuevo Convenio y la Recomendación que lo acompaña constituyó “un acontecimiento histórico” en el sistema normativo de la OIT. “Es la culminación de un largo proceso de lucha de las trabajadoras domésticas y sus organizaciones por sus derechos y una demostración de la importancia que hoy se atribuye al trabajo doméstico remunerado para el funcionamiento de los hogares y de la sociedad”

Para leer más:
http://igenero.oit.org.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=744&Itemid=105