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La organización Internacional del Trabajo (OIT)
mediante el Director de la Oficina Subregional para el Cono Sur, expresó su
satisfacción por la sanción del Convenio sobre el trabajo decente para las
trabajadoras y trabajadores domésticos (2011) N° 189 de la OIT, que fue
estudiado en la víspera por la Cámara de Diputados. El documento pasó al
Ejecutivo para su consideración y con este logro Paraguay se convertirá en uno
de los primeros países en ratificar el mencionado convenio.
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Al tiempo
de expresar sus congratulaciones al MJT por impulsar la creación del Ministerio
de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, y por el logro de la sanción en el
Parlamento nacional del Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras
y trabajadores domésticos, Guillermo Miranda, Director de la Oficina Subregional
de la OIT para el Cono Sur, manifestó el apoyo del organismo al Paraguay en
todas las acciones estratégicas a ser encaradas en este marco.
En el Convenio sancionado a favor de los trabajadores domésticos se establecen las horas normales de trabajo, vacaciones anuales pagadas, periodos de descansos diarios y semanales, alimentación, alojamiento, seguro social y salario mínimo establecido, entre otros beneficios para los trabajadores y trabajadoras del sector. La Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo, convocada en Ginebra por el Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, establece en sus artículos la promoción del trabajo decente para todos mediante el logro de las metas establecidas en la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, y en la Declaración de la OIT sobre la justicia social para un globalización equitativa. Además en la ocasión se reconoció la contribución significativa de los trabajadores domésticos a la economía mundial que incluye el aumento de las posibilidades de empleo remunerado para las trabajadoras y los trabajadores con responsabilidades familiares, el incremento de la capacidad de cuidado de las personas de edad avanzada, los niños y las personas con discapacidad, y un aporte sustancial a las transferencias de ingreso en cada país y entre países. El Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y trabajadores domésticos (2011) N° 189 de la Organización Internacional del Trabajo OIT, fue adoptado en Ginebra, Suiza, el 16 de junio de 2011. |
jueves, 8 de noviembre de 2012
OIT aplaude sanción del Convenio que beneficia a trabajadoras domésticas
jueves, 18 de octubre de 2012
Congresistas y trabajadoras de hogar piden ratificación el Convenio 189 sobre trabajo decente
PERÚ
Escribe: Los Andes | Nacional - 17 oct 2012
Escribe: Los Andes | Nacional - 17 oct 2012
La congresista Rosa Mavila León y el Sindicato Nacional de Trabajadores
y Trabajadoras del Hogar del Perú (SINTRAHOGARP) solicitaron al gobierno, el
martes 16, la ratificación del Convenio 189 sobre Trabajo Decente para las
Trabajadoras y los Trabajadores Domésticos, de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), y su Recomendación.
Fue durante una conferencia de prensa realizada en el Hall de los Pasos
Perdidos en la que participaron dirigentas de ese gremio provenientes del
interior de país.
La congresista Mavila precisó que el Convenio 189 y la Recomendación 201
se adoptaron el 16 de junio del 2011 durante la 100 Conferencia Internacional
del Trabajo de la Organización Internacional del trabajo OIT, realizada en
Ginebra.
“Su fin es proteger los derechos laborales de unas 100 millones de
mujeres y hombres que realizan trabajos al interior de casas en todo el mundo.
Sin embargo, luego de un año y cuatro meses, el Perú no los ha ratificado a
pesar de que votó a favor en aquella reunión en Suiza”, indicó.
Inés Meza Ccuno, Secretaria General de SINTRAHOGARP manifestó que sin
esta ratificación siguen atropellándose los derechos de un millón de
trabajadoras y trabajadores del hogar en nuestro país.
Consideró que de todo este grupo, se estima que el 89% son mujeres
migrantes indígenas y campesinas, se calcula además que el 90% de todas ellas
se concentra en Lima y que cerca del 35% son niñas y adolescentes entre 12 y 18
años de edad.
Según lnés Meza Ccuno,
presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores del Hogar, la mayoría de
mujeres dedicadas al trabajo doméstico en Perú trabajan de 10 a 16 horas diarias, con un sueldo promedio de S/. 300.00
(en la actualidad, el sueldo mínimo es de S/. 750.00).
“El caso más crítico es de muchas adolescentes que no perciben salario,
no pueden estudiar y no gozan de tiempo libre los fines de semana”, apuntó.
lunes, 1 de octubre de 2012
VI JORNADA TALLER CON TRABAJADORAS DOMESTICAS MIGRANTES
El pasado domingo 30 de
septiembre se realizó la Sexta Jornada-Taller con trabajadoras domesticas
migrantes la cual contó con la participación de más de 40
asistentes de diferentes países latinoamericanos. Si bien, la mayoría de las
participantes eran compañeras que han venido a todos los encuentros, también contamos
con la presencia de nuevas asistentes.
Sin duda, cada encuentro ha
permitido construir un espacio propio, de reconocimiento, permitiendo
consolidar lazos de confianza entre todas.
En esta jornada se trabajó tomando como base una presentación en la que
se establecían cuales eran los principales desafíos de las trabajadoras domésticas, la
importancia del reconocimiento, la defensa de los derechos fundamentales y las
principales dificultades que se presentan al momento de hacer exigibles
nuestros derechos.
Posteriormente se trabajó en
grupos para discutir, analizar y describir cuales son las proyecciones
individuales y de grupo, lo que se espera de los próximos encuentros y cuáles
son los aspectos más importantes que deben tomarse en cuenta para poder
llevarlos a cabo.
Los aspectos que se
trabajaron en ambos grupos estuvieron centrados en el desarrollo de un curso de
capacitación en Tecnologías de la Información (TICs), generación de espacios
culturales y de recreación, generación de espacios de comunicación y de
difusión de actividades; así como instancias de capacitación que puedan
desarrollarse los domingos.
Asimismo se planteó la
importancia de poder hacer propios los espacios que sean necesarios para
defender nuestros derechos, como es la identificación de herramientas de
comunicación para visibilizar los pasos que se ha dado en materia de
reconocimiento de los derechos de las trabajadoras domésticas. Muchas veces el
ejercicio de ciertos derechos está supeditado al ejercicio de otros para poder
manifestar esa reivindicación, como es el caso de las dificultades que se
presentan en la exigibilidad de derechos sociales ante la vulneración de los
derechos civiles más básicos.
Finalmente se coordinó una
próxima reunión para el domingo 21 de octubre para afinar detalles del
Encuentro de Fin de año, mismo que se llevará a cabo en Raigón, San José.
martes, 25 de septiembre de 2012
MANIFIESTO Trabajadoras Domésticas del Paraguay
Nosotras, trabajadoras domésticas de todo el país,
integrantes de la Asociación de Empleadas del Servicio Doméstico del Paraguay
(ADESP) y del Sindicato de Trabajadoras Domésticas del Paraguay (SINTRADOP-CNT),
reunidas los días 21, 22 y 23 de septiembre de 2012 en el VI Encuentro Nacional
de Trabajadoras Domésticas, en Asunción
del Paraguay, manifestamos al gobierno y a la sociedad en general, una enérgica
denuncia por la histórica discriminación e invisibilización que ha sido objeto nuestro trabajo.
Cada vez somos más
trabajadoras domésticas conscientes de que todos los días, a lo largo y ancho
del país, miles de mujeres, niñas, adolescentes y adultas mayores somos
sometidas a condiciones de esclavitud y trabajo indignas que vulneran nuestros
derechos fundamentales.
Actualmente, la
región ha avanzado en el reconocimiento y equiparación de los derechos de las
trabajadoras domésticas, por lo que reiteramos la necesidad de continuar
trabajando desde todos los sectores para que en el Paraguay las trabajadoras
domésticas podamos desarrollar nuestro trabajo con respeto y dignidad.
Las tareas de
cuidado desarrolladas por las más de 200.000 trabajadoras domésticas, representa uno de los pilares para el crecimiento
del país, por lo que no podemos esperar ni un momento más para que nuestro trabajo
sea valorado, y que las leyes existentes no sigan perpetuando situaciones de
discriminación que nos colocan en franca desventaja en relación al resto de los
y las trabajadoras.
Por lo
anteriormente mencionado, exigimos acciones inmediatas para poder acceder a
mejores oportunidades de vida:
Demandamos la pronta ratificación de parte del
Estado paraguayo, del Convenio Nº 189 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) y su armonización con el marco jurídico local.
Exigimos que se nos
involucre en cualquier discusión en los
diversos ámbitos que se den en torno a la protección de nuestros derechos.
Estamos organizadas, conocemos nuestros derechos y tenemos que participar
activamente en los temas que nos involucran directa e indirectamente.
Asimismo,
reclamamos el seguimiento, la continuidad y la garantía de cumplimiento a los
compromisos asumidos por el Estado con nuestro sector, en el marco del Programa
Oportunidades.
“Ñaño Pytyvô Ñande Mbarete Haguâ”
Asociación de Empleadas del Servicio Doméstico del Paraguay (ADESP)
Sindicato de Trabajadoras Domésticas del Paraguay (SINTRADOP-CNT)
jueves, 13 de septiembre de 2012
Brasil aún no priorizó Convención sobre el trabajo doméstico
A un año para entrar en vigor, la Convención 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se ocupa de los derechos de Trabajadoras y Trabajadores domésticos, todavía no ha sido firmada por Brasil. La norma actualmente en el Ministerio de Trabajo y Empleo (MTE) tiene pendiente la aprobación del Congreso Nacional y la sanción presidencial para entrar en vigencia.
El Convenio determina la garantía de los derechos fundamentales a la categoría, como la jornada de trabajo; pago del salario mínimo, cuando éste exista; período de descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas; respeto a la libertad sindical; y protección contra abusos.
El Uruguay y Filipinas ya incorporan en su legislación los principios del documento. Según la OIT, hay aproximadamente 53 millones personas que trabajan como empleadas/os domésticas/os, pero debido a la informalidad el número puede alcanzar los 100 millones.
La falta de reglamentación implica falta de respeto por los derechos laborales, como explica la presidenta del Sindicato de Trabajadores Domésticos de Bahia, Cleusa Maria de Jesús. Ella dice que la mayoría de las domésticas –las mujeres son más de 90% del total de trabajadores del sector – no tiene documentos de trabajo firmados e incluso aquellas que los tienen sufren por la falta de garantía de sus derechos.
"Hay muchos patrones que firman contratos de trabajo, pero no pagan la cotización al Seguro Social. Una de las luchas de la Federación Nacional de Trabajadoras Domésticas en unión con los sindicatos es que los derechos de esta categoría, sean equiparados con los derechos de los demás trabajadores", dice Cleusa.
Sólo en Brasil, son aproximadamente 7,2 millones trabajadores y las trabajadoras domésticas, pero, más de 70%, no tiene seguridad social.
En la Cámara de Diputados se tramita una Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC 478/10), cuyo objetivo es garantizar a las domésticas los mismos derechos de los demás trabajadores.
La noticia es la Radioagência NP, por Daniele Silveira
lunes, 3 de septiembre de 2012
Brasil aún no priorizó Convención sobre el trabajo doméstico
Adital
A un año para entrar en vigor, la Convención 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se ocupa de los derechos de Trabajadoras y Trabajadores domésticos, todavía no ha sido firmada por Brasil. La norma actualmente en el Ministerio de Trabajo y Empleo (MTE) tiene pendiente la aprobación del Congreso Nacional y la sanción presidencial para entrar en vigencia.
El Convenio determina la garantía de los derechos fundamentales a la categoría, como la jornada de trabajo; pago del salario mínimo, cuando éste exista; período de descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas; respeto a la libertad sindical; y protección contra abusos.
El Uruguay y Filipinas ya incorporan en su legislación los principios del documento. Según la OIT, hay aproximadamente 53 millones personas que trabajan como empleadas/os domésticas/os, pero debido a la informalidad el número puede alcanzar los 100 millones.
La falta de reglamentación implica falta de respeto por los derechos laborales, como explica la presidenta del Sindicato de Trabajadores Domésticos de Bahia, Cleusa Maria de Jesús. Ella dice que la mayoría de las domésticas –las mujeres son más de 90% del total de trabajadores del sector – no tiene documentos de trabajo firmados e incluso aquellas que los tienen sufren por la falta de garantía de sus derechos.
"Hay muchos patrones que firman contratos de trabajo, pero no pagan la cotización al Seguro Social. Una de las luchas de la Federación Nacional de Trabajadoras Domésticas en unión con los sindicatos es que los derechos de esta categoría, sean equiparados con los derechos de los demás trabajadores", dice Cleusa.
Sólo en Brasil, son aproximadamente 7,2 millones trabajadores y las trabajadoras domésticas, pero, más de 70%, no tiene seguridad social.
En la Cámara de Diputados se tramita una Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC 478/10), cuyo objetivo es garantizar a las domésticas los mismos derechos de los demás trabajadores.
Radioagência NP, por Daniele Silveira
domingo, 19 de agosto de 2012
Un día para celebrar
“En estos últimos meses nos hemos encontrado para hablar de nuestros derechos, aspiraciones, sueños y luchas cotidianas. Nos hemos reconocido, mirado a los ojos y hablado. Este es el perimer paso para la reivindicar nuestros derechos. Este 19 de agosto viene cargado de una emotividad diferente, cargado por la valentía de trabajadoras domésticas migrantes que han exigido por justicia y dignidad”, así resumía Valeria España, integrante de Cotidiano Mujer, la labor que este año han realizado las trabajadoras domésticas migrantes en el marco de los talleres que se llevan adelante mensualmente en nuestra sede.
En el día nacional de las trabajadoras domésticas, estas mujeres se reunieron en el Club Placer Casa Gourmande para celebrar. Una fiesta para degustar los platos de su tierra. Cada una preparó con esmero una comida distinta que contribuyó a vestir una mesa repleta de aromas, colores y sabores diversos.
También participaron en la celebración las integrantes de la Agrupación María Goretti, que defiende los derechos de las trabajadoras domésticas en Uruguay; la Embajadora de Perú, Aída García Naranjo, y el Cónsul de Bolivia, Carlos de María.
La jornada comenzó a las 13h con la proyección de la película boliviana ¿Por qué quebró Mc Donald’s, a la que le siguió música y baile hasta las 6 tarde.
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viernes, 10 de agosto de 2012
"Unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma". EL testimonio de trabajadoras domésticas y migrantes, contratadas por la familia Manhard
BRECHA | SOCIEDAD | Pág. 11 | 10/08/2012
Mariana Contreras
Fue necesaria una orden de allanamiento para que los inspectores del Ministerio de Trabajo pudieran entrar a la mansión de Carrasco donde trabajaban de manera ilegal varias ciudadanas bolivianas. Era la punta de una madeja que prosiguió con una denuncia en un juzgado del crimen organizado. Brecha conversó con varias de las trabajadoras que llegaron para cumplir tareas en la casa de Nathalie Manhard y en la de su padre, Enrique Manhard, miembros de una de las familias más adineradas del país. Las trabajadoras relataron cómo son captadas en su país, las condiciones a que son sometidas en Uruguay y lo difícil de escapar cuando el mundo es tan ajeno. En el Uruguay de 2012, una historia de gente que se piensa con derecho a ser dueña de otra gente. Por suerte el Estado esta vez parece estar dando todas las garantías necesarias.
Se las había arreglado sola, siempre. Incluso cuando se fue a Buenos Aires, y también a San Pablo, a trabajar en talleres de costura, y dormía y trabajaba y comía y vivía en una pieza. Seguramente en alguna de esas maquilas tan infames como ilegales, que dos por tres son noticia en la tevé cuando se incendian, o cuando se descubre que allí trabajan cientos de migrantes irregulares por salarios miserables.
Pero esa mañana, cuando su sobrina la invitó a probar suerte en la agencia de colocación de personal llamada Verónica, Laura -así le diremos a los efectos de esta nota- aceptó. Hacía poco sus antiguos empleadores se habían mudado de La Paz a Santa Cruz y ella no los siguió porque sus hijos van al colegio en la capital boliviana. Así que decidió probar suerte. Apenas llegó, "Vero" le preguntó si quería trabajar en Uruguay. Se extrañó, pensando que le hablaban de la avenida paceña, famosa por ser lugar de venta de pescado; pero no. "De Argentina, más allá", le aclaró la dueña. "Anímate. Es una señora muy rica, paga muy bien, trata muy bien a las muchachas." Preguntó cuánto era el salario y Vero aseguró: "Quinientos dólares para empezar. El segundo mes te va a aumentar 100 y vas a ganar 600 dólares". Mientras ella sacaba cuentas y dudaba, Vero marcó un celular y lo dejó sonar un par de veces antes de cortar. Miles de quilómetros al sur, Nathalie Manhard Sasson entendió el mensaje y con presteza devolvió la llamada. Instantes más tarde boliviana y uruguaya mantenían el diálogo:
-El trato es que te voy a pagar 500 dólares. Pago muy bien. Tengo otras muchachas bolivianas ¿sabés limpiar?
-Sí, tengo certificados de trabajo.
-¿Estarías dispuesta a venir?
-No sé, es que tengo niños?
-¿Tenés a quién dejárselos?
-Con su papá o mi hermana.
Durante la conversación, "Vero me dice: "¿Para qué le dices que tienes hijos? No tengo hijos, debes decir". Y me dice la señora: "No hagas caso a lo que dice Vero, hacé caso a lo que yo te pregunto y contestame". Y yo le contestaba todo: sabía limpiar, sabía de costura, porque en Buenos Aires y San Pablo he trabajado en talleres de costura. Me pidió mi teléfono pero le di el de mi hermano, porque no estaba decidida a trabajar. Vero me decía: "Anímate, anda. Es una señora millonaria, que bien paga. No es cualquier señora, una cónsul, me dicen que es. Dicen que es bien grande, bien linda, la casa. Las otras muchachas que trabajan me dicen que es bien buena. ¿Quieres hablar con las otras?". Hablando no voy a ganar nada. El lunes vengo si no encuentro trabajo". Y se fue.
Después, todo sucedió muy rápido. Cuando llegó a su casa, Manhard ya se había comunicado nuevamente. Horas más tarde volvió a llamarla y prometió: "Si te quedas un año no te voy a descontar el pasaje. Te voy a dar un celular, te voy a dar un chip".
"Yo debía al banco -cuenta ahora la trabajadora a Brecha-, y mi hermano y mi cuñada me decían que así pagaría más rápido. No es que 500 dólares fuera mucha plata. Son 3 mil bolivianos porque el dólar allí está muy bajito, pero me venían como anillo al dedo, como dicen. Que yo esté aquí, no gaste en mis pasajes? podía mandar un monto para mis hijos y otro para el banco". Cuando el domingo a la mañana Manhard insistió con un nuevo llamado y aseguró que había girado dinero a Vero para el pasaje, Laura decidió aceptar.
El martes al mediodía tomó el bus que la separaría de la cordillera de los Andes para, tres días después, dejarla con el mar a sus pies en Montevideo. Tomó el taxi negro y amarillo tal como "la señora" le había indicado y minutos más tarde arribó a la mansión ubicada en Américo Ilaria, entre Viña del Mar y Copacabana. Los 400 pesos del taxi los pagó la cocinera. Dejó sus cosas en la habitación, se dio un baño, e instantes después comenzó su trabajo. Enseguida su identidad comenzó a desdibujarse. A partir de ese momento era "la de la planta baja", como se llama en aquella casa a la encargada de la limpieza de ese sector. No imaginaba todo lo que viviría en los próximos meses.
En la residencia de Carrasco trabajan cuatro personas, siempre de origen boliviano (una "planta alta", una "planta baja", una niñera y una cocinera). La paciente reconstrucción que hizo el colectivo feminista Cotidiano Mujer -institución a la que se acercaron varias mujeres en busca de ayuda- permite saber hoy que al menos 12 ciudadanas de aquel país pasaron por la casa en el último año. Todas llegaron a través de la agencia Verónica, solicitadas por Nathalie Manhard. Viajaron por tierra, sin contrato, permanecieron de forma irregular en el país. Recibían 500 dólares de salario, trabajando prácticamente el doble de horas de lo estipulado por ley y con un descanso de cuatro horas semanales, nunca en fin de semana (véase recuadro).
Brecha está en condiciones de informar que Manhard también contactaba a la agencia boliviana en procura de personal doméstico para sus amigas y para sus padres (Enrique Manhard y Vivianne Sasson). Al menos en la casa de sus padres, las trabajadoras recibían un trato similar. Según el testimonio de una ex trabajadora de esa casa, el vínculo laboral en ese lugar también era a través de Nathalie. Era ella quien decidía todo lo referente al trabajo. Relatan también que, mientras su madre solía mantener un trato amable, Enrique, el padre, era parecido a su hija en la forma de dirigirse a las trabajadoras.
Otra de las constataciones es que cuando el vínculo laboral finalizaba (sea porque no aguantaban el nivel de estrés o porque Manhard decidía que no trabajaran más) eran "despachadas" (tal es el término que utilizan) a Bolivia, incluso contra su propia voluntad. A partir de que algunas lograron permanecer en el país es que se conoció la historia.
LA SEÑORA TIQUI TIQUI. "Tiqui tiqui. Acá se viene a trabajar", cuentan que decía Nathalie Manhard a sus empleadas, mientras movía ágilmente los dedos en señal de caminata. "Hasta ahora tengo en mi mente esa palabra", comenta una de ellas mientras repasa algunos de los hechos que muestran, además de las irregularidades y el incumplimiento de las leyes, un fuerte componente de racismo y clasismo por parte de la empleadora.
"Nos teníamos que parar a las 6 de la mañana y el desayuno debía estar servido a las 7 en punto. "La comida de la casa", decían ellos, porque tienen la cocina principal y la cocina del servicio. Y la comida del personal es muy distinta a lo que ellos comen. Nos compraba carne picada común, un quilo, que tenía que durar un mes. Lo que más comíamos era polenta con pulpa de tomate o fideos hervidos con pulpa de tomate o con atún. El jardinero no estaba autorizado a comer, pero la cocinera decía "yo tengo hijos, sobrinos", y tratábamos de cocinar algo más y le dábamos. Nuestro plato de lujo era arroz con huevo, o con pancho. Muy rara vez podíamos comer lenteja. No podíamos comer tomate, salvo que estuviera a precio bajo. No podíamos comer lechuga porque es carísima. Pero había rúcula en su huerto y podíamos comerla. El desayuno era con un paquetito de Nescafé. No podíamos tomar leche, Si era temporada de manzana compraba una bolsa para nosotras. O de naranja. Pero otra fruta no se podía comer. Ni banana ni otras cosas más. Ella decía que en todo Uruguay el trato era así. Que teníamos que comer así." Un día, enterada de que una trabajadora decía que ya no quería comer, Manhard les dijo: "Si nadie quiere comer lo que les doy aquí, pueden salir, comprarse con su plata. Hay Mc Donald"s; pueden ir a comer ahí, puede ir a comer al restorán, si tienen plata". A la mala alimentación se le sumaban las extenuantes jornadas de trabajo: un promedio de 14 horas de lunes a lunes, con media hora para comer, y una hora de descanso que difícilmente podía cumplirse porque siempre había tareas para hacer. "No tenía ese tiempo", dice una trabajadora. Después de la limpieza de las habitaciones, había que ayudar en la cocina, y además "tenía que planchar. Planta alta lavaba y planta baja planchaba. Decía en la carpeta (un "manual de instrucciones" que se les entregaba a su llegada) que planta baja se hace cargo de coser, limpiar los championes a diario, bajar y subir las cosas. La misma señora nos hacía pelear. Demasiado estrés, era". Por ejemplo, dice el manual que la persona encargada de la planta baja debe, según el día de la semana, limpiar el hall de entrada y el baño de visitas, el breakfast, el comedor, el living, el lavadero, el depósito de deportes, el dormitorio y el baño de huéspedes, el depósito frente al dormitorio de servicio, el baño y el hall del escritorio, el estar, el billar, el playroom y su baño, la barbacoa, con su baño y cocina incluidos. Entre sus tareas también está tender y servir la mesa durante la comida, lavar a máquina y a mano, colgar y secar la ropa, limpiar y lustrar zapatos, guardar la ropa y el calzado. Asimismo debe ayudar a la cocinera (salvo los días que está cubriendo a la niñera) en el mantenimiento de la cocina principal ("siempre impecablemente limpia, horno, anafe, micro, heladeras, filtros, muebles, pisos").
Al principio pensaba que el trabajo en Uruguay "debe ser así". Pero un día la cocinera, que llevaba más tiempo en la casa, dijo que así no era. Eso le había comentado una profesora uruguaya que durante un tiempo frecuentó la casa. Le habló de las leyes, del descanso, de la limitación de la jornada y los beneficios que les correspondían y de los cuales no tenían noticias. Las trabajadoras no tenían a quién preguntar. No conocían a nadie en el país, no sabían a quién recurrir. Es que el trabajo migrante, cuando además es irregular, atrapa y congela. Sólo tenían cuatro horas semanales libres. Eso impedía su movilidad a lugares alejados de la residencia de Carrasco, a lo que se le suma el temor (el autoimpuesto y el propiciado) de ser "atrapadas" en tanto que, luego de los primeros tres meses, su permanencia en el país era irregular. "Si saben que están irregulares las detienen", cuentan que les decía Manhard, quien hacía rato había perdido las buenas formas que mostraba por teléfono. La prohibición imperaba también dentro de la residencia: tenían prohibida la conversación entre ellas a no ser por asuntos estrictamente laborales.
"Una noche se rompió una carpa que en la mañana se abre y en la noche, antes de que entre el sol, se recoge. No sabemos qué pasó. Llegó furiosa y era tan? Me agarró primero a mí, me gritó que era una muerta de hambre, que ella hacía comer a mis hijos. Que con lo que ganaba ni en 20 años podía pagarle porque esa carpa costaba más de 20 mil y pico. Luego tomó a la otra. Pero con unos ojos, tenía un carácter... una voz que te hace temblar. Yo con sólo mirar a esa señora le tengo miedo. Hasta el día de hoy le tengo miedo, un miedo grande. Te grita, te da como unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma."
SALIR DE AHÍ. Los intentos por conocer sus derechos fueron permanentemente boicoteados. Un día la cocinera decidió que saldría muy temprano y utilizaría sus horas libres para ir al Ministerio de Trabajo. Salió, volvió sin haber encontrado la sede, pero con la certeza de que en Uruguay las cosas no eran como las pintaba Manhard. "Nos iremos", le dijo a Laura. "Una muchacha ya había escapado de la casa; había sacado su maleta por la ventana y se había escapado. Estaba antes que yo llegara," contó. Pero el plan en este caso era otro: "Le diremos que nos vamos a ir, y nos vamos a Punta del Este, que pagan bien", dijo la cocinera. A los pocos días Manhard le anunció que le adelantaba las vacaciones porque ella viajaría a Punta del Este, a casa de su madre. La cocinera propuso ir con ella pero la dueña de casa dijo que su madre tenía su propio personal, que visitara a sus hijos en Bolivia y que se verían al regreso. Para ella quedaba claro que estaba siendo "despachada". "Lo mismo sucedió con otra muchacha que estaba averiguando. Una peruana le había dicho que el trabajo es bien distinto. Eso fue en la mañana, y en la noche la despachó a Bolivia."
Era domingo por la tarde cuando la cocinera debió abandonar la casa. Al poco rato llamó. "Como había estado más de ocho meses no podía salir sin pagar a Migraciones. Pero como era domingo no podía. La señora Nathalie le dijo que se volviera." Sin embargo, a la mañana siguiente "la señora se tomó la "amabilidad" de llevarla a Migraciones y despacharla en el ómnibus de Tres Cruces hasta Buenos Aires. Su plan no dio resultado. Esa noche sólo hablamos ella y yo, luego se fue y perdimos contacto. Pero ahí supimos cómo era. La muchacha de la planta alta conoció a una peruana y le dijo lo mismo: el trabajo no es así." Para ese entonces Laura ya había anunciado a Manhard que quería viajar a Bolivia en verano, cuando se cumpliría más de un año de su llegada al país. "Ella me decía: "¿Por qué te vas a ir, si tú me agradas? Haces bien las cosas, la costura, peinas". Pero yo decía que extrañaba a mis hijos. Quería salir de esa casa porque era mucho, yo no daba más."
DESENLACE. ¿Cómo supo la dueña de casa las intenciones de la cocinera? Según el relato de varias trabajadoras (que no se conocían entre sí hasta su encuentro en Cotidiano Mujer), en la residencia hay cámaras y micrófonos que permiten ver y escuchar todo lo que sucede. "(Nathalie) estaba en Punta del Este y en la computadora veía lo que sucedía en la casa", dijo a Brecha una de las trabajadoras de la casa de los padres, que en el verano cumplía funciones en su residencia del balneario. "Una vez vinieron a arreglar una pared y ella llamó preguntando quién era la persona que estaba en el pasillo." Un relato similar fue aportado por otra trabajadora, que cumplía funciones en casa de los padres Mahard: "Una vez me puse muy triste. A veces me digo qué estoy haciendo aquí. En eso, me llama la señora y pregunta si me pasa algo, no sé cómo supo que estaba llorando. Le dije que me iba a retirar. Ella quería volverme a Bolivia. Me dijo que esperara hasta el 2 de agosto", narró a Brecha. La "señora" a la que hace referencia es Nathalie, puesto que era ella quien gestionaba los temas con el personal de su madre. Días después las dos trabajadoras bolivianas que cumplían funciones allí fueron trasladadas sin previo aviso a Migraciones para cambiar la tarjeta de entrada por una de salida del país. En la noche el chofer las llevó a Tres Cruces, con el cometido de "despacharlas" a Buenos Aires. "Vino la señora a pagarnos, con los descuentos. Yo contaba con 400 dólares para llevarlos", al igual que la otra trabajadora. "Pero viendo la plata ya no llegábamos. Habíamos venido con poca plata pero ya regresarnos sin nada? No queríamos volver, pero decía ¿dónde vamos a dormir? Yo estaba llorando (en la terminal) cuando vino una señora que nos preguntó qué nos pasaba. Nos ha dado la dirección de un refugio donde fuimos a pasar la noche (la Casa del Inmigrante César Vallejo). Lo encontramos como a las 12 de la noche. Al día siguiente estábamos en plaza Independencia y una amiga nos trajo aquí" (se refiere al local de Cotidiano Mujer).
Es en la casa del colectivo feminista donde confluyen las historias y donde varias de las trabajadoras bolivianas han tenido contacto entre ellas por primera vez. Laura también llegó a Cotidiano después de abandonar la casa de los Manhard: "La señora quería que firmara un papel y yo he firmado. En ese papel me descuenta hasta el último centavo del pasaje que me había pagado. Pensé que me llevaba como 400 y pico de dólares. Salí con 200 dólares. Mi compañera no quiso firmar, entonces el jardinero le impedía el paso. Ella quería salir y denunciar porque una peruana ya le había hablado de Cotidiano. Ella logró salir antes y yo después". Cuando ambas se encontraron "ya empezaba a asustarme, porque la señora había dicho que nos iban a detener, y como siempre me dijo que ella tenía mucho poder? el día que me fui dijo: "Si hoy día no van a partir a Bolivia yo voy a mover mis contactos y ustedes van a estar detenidas"". La historia de esta persona, que luego sería víctima de una privación de libertad, o secuestro, o como jurídicamente pueda llamarse, sería la que finalmente desencadenaría la denuncia judicial (véase aparte). Pero al principio: "Me he resignado, lo dejo así y busco otro trabajo. Al fin y al cabo no le debo nada a esa señora. Me alejé. Me hice a un lado porque me dijo que tenía tanto poder. El que tiene tanta plata siempre sale ganando. Y soy una persona así, ¿qué voy a hacer con una persona así?", dice, mientras con sus dedos dibuja algo pequeño primero y luego algo mucho más grande.
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BRECHA | SOCIEDAD | Pág. 11 | 10/08/2012
Mínimo, mínimo
La jornada laboral en la residencia Fernández Manhard comienza a las 7 de la mañana y finaliza alrededor de las 11 de la noche, según los testimonios relatados a Brecha. El descanso son cuatro horas semanales, que no caen en sábado ni domingo. El sueldo de las empleadas es de 500 dólares (10 mil pesos). No se cobran horas extra, no se paga doble los feriados, ni tampoco se les da libre, y no cuentan con seguridad social. Si el personal permanece menos de un año (cosa frecuente dado el trato que reciben) se les descuenta de sus haberes el costo del pasaje. En la actualidad el sueldo mínimo fijado por el Estado para las trabajadoras domésticas es de 8.534 pesos por 44 horas semanales (siete horas diarias) y el descanso es de un día y medio.
Mariana Contreras
Fue necesaria una orden de allanamiento para que los inspectores del Ministerio de Trabajo pudieran entrar a la mansión de Carrasco donde trabajaban de manera ilegal varias ciudadanas bolivianas. Era la punta de una madeja que prosiguió con una denuncia en un juzgado del crimen organizado. Brecha conversó con varias de las trabajadoras que llegaron para cumplir tareas en la casa de Nathalie Manhard y en la de su padre, Enrique Manhard, miembros de una de las familias más adineradas del país. Las trabajadoras relataron cómo son captadas en su país, las condiciones a que son sometidas en Uruguay y lo difícil de escapar cuando el mundo es tan ajeno. En el Uruguay de 2012, una historia de gente que se piensa con derecho a ser dueña de otra gente. Por suerte el Estado esta vez parece estar dando todas las garantías necesarias.
Se las había arreglado sola, siempre. Incluso cuando se fue a Buenos Aires, y también a San Pablo, a trabajar en talleres de costura, y dormía y trabajaba y comía y vivía en una pieza. Seguramente en alguna de esas maquilas tan infames como ilegales, que dos por tres son noticia en la tevé cuando se incendian, o cuando se descubre que allí trabajan cientos de migrantes irregulares por salarios miserables.
Pero esa mañana, cuando su sobrina la invitó a probar suerte en la agencia de colocación de personal llamada Verónica, Laura -así le diremos a los efectos de esta nota- aceptó. Hacía poco sus antiguos empleadores se habían mudado de La Paz a Santa Cruz y ella no los siguió porque sus hijos van al colegio en la capital boliviana. Así que decidió probar suerte. Apenas llegó, "Vero" le preguntó si quería trabajar en Uruguay. Se extrañó, pensando que le hablaban de la avenida paceña, famosa por ser lugar de venta de pescado; pero no. "De Argentina, más allá", le aclaró la dueña. "Anímate. Es una señora muy rica, paga muy bien, trata muy bien a las muchachas." Preguntó cuánto era el salario y Vero aseguró: "Quinientos dólares para empezar. El segundo mes te va a aumentar 100 y vas a ganar 600 dólares". Mientras ella sacaba cuentas y dudaba, Vero marcó un celular y lo dejó sonar un par de veces antes de cortar. Miles de quilómetros al sur, Nathalie Manhard Sasson entendió el mensaje y con presteza devolvió la llamada. Instantes más tarde boliviana y uruguaya mantenían el diálogo:
-El trato es que te voy a pagar 500 dólares. Pago muy bien. Tengo otras muchachas bolivianas ¿sabés limpiar?
-Sí, tengo certificados de trabajo.
-¿Estarías dispuesta a venir?
-No sé, es que tengo niños?
-¿Tenés a quién dejárselos?
-Con su papá o mi hermana.
Durante la conversación, "Vero me dice: "¿Para qué le dices que tienes hijos? No tengo hijos, debes decir". Y me dice la señora: "No hagas caso a lo que dice Vero, hacé caso a lo que yo te pregunto y contestame". Y yo le contestaba todo: sabía limpiar, sabía de costura, porque en Buenos Aires y San Pablo he trabajado en talleres de costura. Me pidió mi teléfono pero le di el de mi hermano, porque no estaba decidida a trabajar. Vero me decía: "Anímate, anda. Es una señora millonaria, que bien paga. No es cualquier señora, una cónsul, me dicen que es. Dicen que es bien grande, bien linda, la casa. Las otras muchachas que trabajan me dicen que es bien buena. ¿Quieres hablar con las otras?". Hablando no voy a ganar nada. El lunes vengo si no encuentro trabajo". Y se fue.
Después, todo sucedió muy rápido. Cuando llegó a su casa, Manhard ya se había comunicado nuevamente. Horas más tarde volvió a llamarla y prometió: "Si te quedas un año no te voy a descontar el pasaje. Te voy a dar un celular, te voy a dar un chip".
"Yo debía al banco -cuenta ahora la trabajadora a Brecha-, y mi hermano y mi cuñada me decían que así pagaría más rápido. No es que 500 dólares fuera mucha plata. Son 3 mil bolivianos porque el dólar allí está muy bajito, pero me venían como anillo al dedo, como dicen. Que yo esté aquí, no gaste en mis pasajes? podía mandar un monto para mis hijos y otro para el banco". Cuando el domingo a la mañana Manhard insistió con un nuevo llamado y aseguró que había girado dinero a Vero para el pasaje, Laura decidió aceptar.
El martes al mediodía tomó el bus que la separaría de la cordillera de los Andes para, tres días después, dejarla con el mar a sus pies en Montevideo. Tomó el taxi negro y amarillo tal como "la señora" le había indicado y minutos más tarde arribó a la mansión ubicada en Américo Ilaria, entre Viña del Mar y Copacabana. Los 400 pesos del taxi los pagó la cocinera. Dejó sus cosas en la habitación, se dio un baño, e instantes después comenzó su trabajo. Enseguida su identidad comenzó a desdibujarse. A partir de ese momento era "la de la planta baja", como se llama en aquella casa a la encargada de la limpieza de ese sector. No imaginaba todo lo que viviría en los próximos meses.
En la residencia de Carrasco trabajan cuatro personas, siempre de origen boliviano (una "planta alta", una "planta baja", una niñera y una cocinera). La paciente reconstrucción que hizo el colectivo feminista Cotidiano Mujer -institución a la que se acercaron varias mujeres en busca de ayuda- permite saber hoy que al menos 12 ciudadanas de aquel país pasaron por la casa en el último año. Todas llegaron a través de la agencia Verónica, solicitadas por Nathalie Manhard. Viajaron por tierra, sin contrato, permanecieron de forma irregular en el país. Recibían 500 dólares de salario, trabajando prácticamente el doble de horas de lo estipulado por ley y con un descanso de cuatro horas semanales, nunca en fin de semana (véase recuadro).
Brecha está en condiciones de informar que Manhard también contactaba a la agencia boliviana en procura de personal doméstico para sus amigas y para sus padres (Enrique Manhard y Vivianne Sasson). Al menos en la casa de sus padres, las trabajadoras recibían un trato similar. Según el testimonio de una ex trabajadora de esa casa, el vínculo laboral en ese lugar también era a través de Nathalie. Era ella quien decidía todo lo referente al trabajo. Relatan también que, mientras su madre solía mantener un trato amable, Enrique, el padre, era parecido a su hija en la forma de dirigirse a las trabajadoras.
Otra de las constataciones es que cuando el vínculo laboral finalizaba (sea porque no aguantaban el nivel de estrés o porque Manhard decidía que no trabajaran más) eran "despachadas" (tal es el término que utilizan) a Bolivia, incluso contra su propia voluntad. A partir de que algunas lograron permanecer en el país es que se conoció la historia.
LA SEÑORA TIQUI TIQUI. "Tiqui tiqui. Acá se viene a trabajar", cuentan que decía Nathalie Manhard a sus empleadas, mientras movía ágilmente los dedos en señal de caminata. "Hasta ahora tengo en mi mente esa palabra", comenta una de ellas mientras repasa algunos de los hechos que muestran, además de las irregularidades y el incumplimiento de las leyes, un fuerte componente de racismo y clasismo por parte de la empleadora.
"Nos teníamos que parar a las 6 de la mañana y el desayuno debía estar servido a las 7 en punto. "La comida de la casa", decían ellos, porque tienen la cocina principal y la cocina del servicio. Y la comida del personal es muy distinta a lo que ellos comen. Nos compraba carne picada común, un quilo, que tenía que durar un mes. Lo que más comíamos era polenta con pulpa de tomate o fideos hervidos con pulpa de tomate o con atún. El jardinero no estaba autorizado a comer, pero la cocinera decía "yo tengo hijos, sobrinos", y tratábamos de cocinar algo más y le dábamos. Nuestro plato de lujo era arroz con huevo, o con pancho. Muy rara vez podíamos comer lenteja. No podíamos comer tomate, salvo que estuviera a precio bajo. No podíamos comer lechuga porque es carísima. Pero había rúcula en su huerto y podíamos comerla. El desayuno era con un paquetito de Nescafé. No podíamos tomar leche, Si era temporada de manzana compraba una bolsa para nosotras. O de naranja. Pero otra fruta no se podía comer. Ni banana ni otras cosas más. Ella decía que en todo Uruguay el trato era así. Que teníamos que comer así." Un día, enterada de que una trabajadora decía que ya no quería comer, Manhard les dijo: "Si nadie quiere comer lo que les doy aquí, pueden salir, comprarse con su plata. Hay Mc Donald"s; pueden ir a comer ahí, puede ir a comer al restorán, si tienen plata". A la mala alimentación se le sumaban las extenuantes jornadas de trabajo: un promedio de 14 horas de lunes a lunes, con media hora para comer, y una hora de descanso que difícilmente podía cumplirse porque siempre había tareas para hacer. "No tenía ese tiempo", dice una trabajadora. Después de la limpieza de las habitaciones, había que ayudar en la cocina, y además "tenía que planchar. Planta alta lavaba y planta baja planchaba. Decía en la carpeta (un "manual de instrucciones" que se les entregaba a su llegada) que planta baja se hace cargo de coser, limpiar los championes a diario, bajar y subir las cosas. La misma señora nos hacía pelear. Demasiado estrés, era". Por ejemplo, dice el manual que la persona encargada de la planta baja debe, según el día de la semana, limpiar el hall de entrada y el baño de visitas, el breakfast, el comedor, el living, el lavadero, el depósito de deportes, el dormitorio y el baño de huéspedes, el depósito frente al dormitorio de servicio, el baño y el hall del escritorio, el estar, el billar, el playroom y su baño, la barbacoa, con su baño y cocina incluidos. Entre sus tareas también está tender y servir la mesa durante la comida, lavar a máquina y a mano, colgar y secar la ropa, limpiar y lustrar zapatos, guardar la ropa y el calzado. Asimismo debe ayudar a la cocinera (salvo los días que está cubriendo a la niñera) en el mantenimiento de la cocina principal ("siempre impecablemente limpia, horno, anafe, micro, heladeras, filtros, muebles, pisos").
Al principio pensaba que el trabajo en Uruguay "debe ser así". Pero un día la cocinera, que llevaba más tiempo en la casa, dijo que así no era. Eso le había comentado una profesora uruguaya que durante un tiempo frecuentó la casa. Le habló de las leyes, del descanso, de la limitación de la jornada y los beneficios que les correspondían y de los cuales no tenían noticias. Las trabajadoras no tenían a quién preguntar. No conocían a nadie en el país, no sabían a quién recurrir. Es que el trabajo migrante, cuando además es irregular, atrapa y congela. Sólo tenían cuatro horas semanales libres. Eso impedía su movilidad a lugares alejados de la residencia de Carrasco, a lo que se le suma el temor (el autoimpuesto y el propiciado) de ser "atrapadas" en tanto que, luego de los primeros tres meses, su permanencia en el país era irregular. "Si saben que están irregulares las detienen", cuentan que les decía Manhard, quien hacía rato había perdido las buenas formas que mostraba por teléfono. La prohibición imperaba también dentro de la residencia: tenían prohibida la conversación entre ellas a no ser por asuntos estrictamente laborales.
"Una noche se rompió una carpa que en la mañana se abre y en la noche, antes de que entre el sol, se recoge. No sabemos qué pasó. Llegó furiosa y era tan? Me agarró primero a mí, me gritó que era una muerta de hambre, que ella hacía comer a mis hijos. Que con lo que ganaba ni en 20 años podía pagarle porque esa carpa costaba más de 20 mil y pico. Luego tomó a la otra. Pero con unos ojos, tenía un carácter... una voz que te hace temblar. Yo con sólo mirar a esa señora le tengo miedo. Hasta el día de hoy le tengo miedo, un miedo grande. Te grita, te da como unas palabras tan bruscas que te duelen y te llegan al alma."
SALIR DE AHÍ. Los intentos por conocer sus derechos fueron permanentemente boicoteados. Un día la cocinera decidió que saldría muy temprano y utilizaría sus horas libres para ir al Ministerio de Trabajo. Salió, volvió sin haber encontrado la sede, pero con la certeza de que en Uruguay las cosas no eran como las pintaba Manhard. "Nos iremos", le dijo a Laura. "Una muchacha ya había escapado de la casa; había sacado su maleta por la ventana y se había escapado. Estaba antes que yo llegara," contó. Pero el plan en este caso era otro: "Le diremos que nos vamos a ir, y nos vamos a Punta del Este, que pagan bien", dijo la cocinera. A los pocos días Manhard le anunció que le adelantaba las vacaciones porque ella viajaría a Punta del Este, a casa de su madre. La cocinera propuso ir con ella pero la dueña de casa dijo que su madre tenía su propio personal, que visitara a sus hijos en Bolivia y que se verían al regreso. Para ella quedaba claro que estaba siendo "despachada". "Lo mismo sucedió con otra muchacha que estaba averiguando. Una peruana le había dicho que el trabajo es bien distinto. Eso fue en la mañana, y en la noche la despachó a Bolivia."
Era domingo por la tarde cuando la cocinera debió abandonar la casa. Al poco rato llamó. "Como había estado más de ocho meses no podía salir sin pagar a Migraciones. Pero como era domingo no podía. La señora Nathalie le dijo que se volviera." Sin embargo, a la mañana siguiente "la señora se tomó la "amabilidad" de llevarla a Migraciones y despacharla en el ómnibus de Tres Cruces hasta Buenos Aires. Su plan no dio resultado. Esa noche sólo hablamos ella y yo, luego se fue y perdimos contacto. Pero ahí supimos cómo era. La muchacha de la planta alta conoció a una peruana y le dijo lo mismo: el trabajo no es así." Para ese entonces Laura ya había anunciado a Manhard que quería viajar a Bolivia en verano, cuando se cumpliría más de un año de su llegada al país. "Ella me decía: "¿Por qué te vas a ir, si tú me agradas? Haces bien las cosas, la costura, peinas". Pero yo decía que extrañaba a mis hijos. Quería salir de esa casa porque era mucho, yo no daba más."
DESENLACE. ¿Cómo supo la dueña de casa las intenciones de la cocinera? Según el relato de varias trabajadoras (que no se conocían entre sí hasta su encuentro en Cotidiano Mujer), en la residencia hay cámaras y micrófonos que permiten ver y escuchar todo lo que sucede. "(Nathalie) estaba en Punta del Este y en la computadora veía lo que sucedía en la casa", dijo a Brecha una de las trabajadoras de la casa de los padres, que en el verano cumplía funciones en su residencia del balneario. "Una vez vinieron a arreglar una pared y ella llamó preguntando quién era la persona que estaba en el pasillo." Un relato similar fue aportado por otra trabajadora, que cumplía funciones en casa de los padres Mahard: "Una vez me puse muy triste. A veces me digo qué estoy haciendo aquí. En eso, me llama la señora y pregunta si me pasa algo, no sé cómo supo que estaba llorando. Le dije que me iba a retirar. Ella quería volverme a Bolivia. Me dijo que esperara hasta el 2 de agosto", narró a Brecha. La "señora" a la que hace referencia es Nathalie, puesto que era ella quien gestionaba los temas con el personal de su madre. Días después las dos trabajadoras bolivianas que cumplían funciones allí fueron trasladadas sin previo aviso a Migraciones para cambiar la tarjeta de entrada por una de salida del país. En la noche el chofer las llevó a Tres Cruces, con el cometido de "despacharlas" a Buenos Aires. "Vino la señora a pagarnos, con los descuentos. Yo contaba con 400 dólares para llevarlos", al igual que la otra trabajadora. "Pero viendo la plata ya no llegábamos. Habíamos venido con poca plata pero ya regresarnos sin nada? No queríamos volver, pero decía ¿dónde vamos a dormir? Yo estaba llorando (en la terminal) cuando vino una señora que nos preguntó qué nos pasaba. Nos ha dado la dirección de un refugio donde fuimos a pasar la noche (la Casa del Inmigrante César Vallejo). Lo encontramos como a las 12 de la noche. Al día siguiente estábamos en plaza Independencia y una amiga nos trajo aquí" (se refiere al local de Cotidiano Mujer).
Es en la casa del colectivo feminista donde confluyen las historias y donde varias de las trabajadoras bolivianas han tenido contacto entre ellas por primera vez. Laura también llegó a Cotidiano después de abandonar la casa de los Manhard: "La señora quería que firmara un papel y yo he firmado. En ese papel me descuenta hasta el último centavo del pasaje que me había pagado. Pensé que me llevaba como 400 y pico de dólares. Salí con 200 dólares. Mi compañera no quiso firmar, entonces el jardinero le impedía el paso. Ella quería salir y denunciar porque una peruana ya le había hablado de Cotidiano. Ella logró salir antes y yo después". Cuando ambas se encontraron "ya empezaba a asustarme, porque la señora había dicho que nos iban a detener, y como siempre me dijo que ella tenía mucho poder? el día que me fui dijo: "Si hoy día no van a partir a Bolivia yo voy a mover mis contactos y ustedes van a estar detenidas"". La historia de esta persona, que luego sería víctima de una privación de libertad, o secuestro, o como jurídicamente pueda llamarse, sería la que finalmente desencadenaría la denuncia judicial (véase aparte). Pero al principio: "Me he resignado, lo dejo así y busco otro trabajo. Al fin y al cabo no le debo nada a esa señora. Me alejé. Me hice a un lado porque me dijo que tenía tanto poder. El que tiene tanta plata siempre sale ganando. Y soy una persona así, ¿qué voy a hacer con una persona así?", dice, mientras con sus dedos dibuja algo pequeño primero y luego algo mucho más grande.
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BRECHA | SOCIEDAD | Pág. 11 | 10/08/2012
Mínimo, mínimo
La jornada laboral en la residencia Fernández Manhard comienza a las 7 de la mañana y finaliza alrededor de las 11 de la noche, según los testimonios relatados a Brecha. El descanso son cuatro horas semanales, que no caen en sábado ni domingo. El sueldo de las empleadas es de 500 dólares (10 mil pesos). No se cobran horas extra, no se paga doble los feriados, ni tampoco se les da libre, y no cuentan con seguridad social. Si el personal permanece menos de un año (cosa frecuente dado el trato que reciben) se les descuenta de sus haberes el costo del pasaje. En la actualidad el sueldo mínimo fijado por el Estado para las trabajadoras domésticas es de 8.534 pesos por 44 horas semanales (siete horas diarias) y el descanso es de un día y medio.
domingo, 22 de julio de 2012
22 de Julio - Día Internacional del Trabajo Doméstico
Hoy se celebra en América Latina el Día del Trabajo Doméstico.
Escrito por Red Defensorías de Mujeres
En 1983, en el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, celebrado en Lima, Perú, fue declarado el 22 de julio como el Día Internacional del Trabajo Doméstico, a fin de reconocer el trabajo que realizan las mujeres al interior de sus hogares; en tanto fundamental aporte que con éste se le brinda a la sociedad, como así también a la economía nacional. Labor que pese a su trascendencia, es más bien subvalorada al estar escasamente reglamentada, especialmente el trabajo doméstico remunerado, fuente de ocupación y puerta de acceso al mercado laboral para muchas mujeres y hombres de los sectores más empobrecidos. Siendo la misma una de las ocupaciones con mayores déficit de trabajo decente.
El trabajo doméstico es aquel que se realiza en el marco de una relación de trabajo, en un hogar o para él, e incluye las tareas domésticas, cuidados personales, jardinería, seguridad privada, chofer, etc. Por lo que trabador/a doméstico/a sería aquella persona empleada en un trabajo doméstico a cambio de una remuneración; incluso en tanto personal contratado y “colocado” por una agencia de empleo.
Tal trabajo resulta poco valorado, por cuanto es considerado “fácil” por aquellas personas que no lo realizan y se benefician de él. Habiendo una gran ignorancia e indiferencia sobre los procesos y tareas necesarios para producir un objeto o servicio para el hogar, lo que consiste en una multitud de tareas especializadas muy disímiles entre sí, resultando éste, por tal motivo, frecuentemente pesado como rutinario.
En tanto que el déficit de trabajo decente, guarda relación con el hecho de que los/as trabajadores/as domésticos/as se hallan más desfavorecidos que otros trabajadores/as asalariados/as. Asociado esto último a la subvaloración económica y social del trabajo de cuidado y del rol de la mujer en la sociedad. Por cuanto el mismo es percibido como una obligación, y “tarea natural”, que deben realizar las mujeres.
En la mayoría de los países, las trabajadoras y trabajadores domésticos están parcialmente excluidos/as de la protección laboral legal. Y como consecuencia de ello, quedan marginados/as de los derechos y las normas laborales protectoras que amparan los derechos del resto de los/as trabajadores/as asalariados/as.
Alrededor de 14 millones de mujeres de nuestra región son trabajadoras domésticas remuneradas, constituyendo el 14% de la ocupación femenina. Fundamentalmente son mujeres trabajadoras migrantes, con lo cual las discriminaciones de género, raza y clase se potencian entre sí. La situación se agrava, dado que en varios países de la región existe una importante cantidad de niñas y adolescentes que son trabajadoras domésticas.
jueves, 5 de julio de 2012
CUARTA JORNADA CON TRABAJADORAS DOMÉSTICAS MIGRANTES
Cuarenta y ocho mujeres nos reunimos por cuarta vez el pasado domingo 1ero de julio para hablar de nuestros derechos, nuestras inquietudes, nuestros sueños, nuestras aspiraciones, nuestras luchas cotidianas.
Nos reunimos, nos reconocimos y hablamos.
Ese es el primer paso que hay que dar para armar la revolución por la
reivindicación de nuestros derechos.
La jornada fue muy enriquecedora.
A diferencia de los encuentros pasados esta vez nos acompañaron Matilde,
Adriana y Gladys, trabajadoras domésticas de Uruguay, que compartieron sus
experiencias, sus años de trabajo y la lucha por la visibilización de los
derechos de las trabajadoras domésticas. Reconocieron que no ha sido un camino
fácil y que saben, por compañeras migrantes que han tenido, que el ser migrante
implica dificultades adicionales.
Matilde, narró el camino
recorrido por las trabajadoras domésticas en Uruguay para alcanzar la
promulgación de la Ley 18.650, la experiencia de trabajo en la SUDT, los pasos hacia la ratificación del Convenio
189, la experiencia en Ginebra y las nuevas estrategias de organización que
están teniendo.
Sus palabras permitieron crear un
ambiente de compañerismo, confianza y complicidad.
Posteriormente María Goñi, hizo una presentación sobre la
importancia de las Tecnologías de la Información y la manera en la que impactan
en nuestra manera de relacionarnos con las demás.
Más tarde Valeria España habló del
cuidado, la importancia e impacto que tiene en nuestra sociedad, la
valorización simbólica y material que tiene que darse al trabajo que realizan
las y los cuidadores, las implicaciones que tendrá el Sistema Nacional Integrado de Cuidados, entre
otras cosas, para crear espacios para la formación de cuidadoras y cuidadores.
La idea de las presentaciones era
establecer elementos disparadores para reflexionar sobre las posibilidades que
existen para las trabajadoras domésticas migrantes para seguir capacitándose, abriendo
posibilidades y nuevos mundos. Se desarrollaron grupos de trabajo a fin de
conversar sobre los intereses de cada una respecto a dichas alternativas.
Finalmente se propuso crear
grupos para la coordinación y planificación del festejo del Día de la
Trabajadora Doméstica. La idea será festejar este día y aprovechar la ocasión
para compartir las riquezas culinarias de cada uno de nuestros países.
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